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Á OCHO DÍAS VISTA La muerte de Carnot. -Los bigotes de Ferler. -Capüografia universal. -Gobiernen bigotes y callen barbas. Bigotes políticos: los del emperador, Bismarck y Caprivi. -Jetiatura de las barbas: ITederico IIT, Carnot, D. Pedro del Brasil. Bigotes italianos: Humberto y Crispi. -La cuestión en Inglaterra y América del Norte. El tiempo de las barbacanas. -Los bigotes de D. Amos Salvador. -Consideraciones peliagudas acerca de la política española. D. Práxedes, ¿es una excepción á la regla general? -La primera tormenta. Rayos en el Congreso. -Interrupciones telegráficas. -Las bombas municipales. -Reforma que se impone. El asesinato de Carnot conmovió un momento á Europa, mas bien pronto las aguas recobraron su nivel; sólo dos días duró el interregno presidencial de Francia. Todavía insepulto el cadáver del presidente asesinado, la Asamblea Nacional reunida en Versalles alzaba sobre el pavés moderao á M. Casimiro Perier. Fíjense otros en su fortuna personal, en sus prestigios, en la fuerza de su juventud y de su iniciativa; yo me limito á fijarme en sus bigote. Porque será casualidad, pero ello es que los destinos del mundo civilizado dependen hoy de media docena de bigotes, atusados los uno caídos los otros, blancos éstos, negros aquéllos, y entrecanos los de más allá. Hablen cartas y callen barbas) dice uu refrán de nuestros abuelos. Grobierneii bigotes y callen barbas, dice, ó parece decir, la política moderna. íQué tiene Alemania para que de tal modo pese en el equilibrio europeo? Los rubios bigotes del emperador, el grueso bigote de Bismarck, el albo y militar bigote de Ca. privi. Tres arcos capaces de sostener bóveda tan pesada como la del imperio. El padre del actual emperador, el kronpríntz Federico, gastaba barba y duró poco; Carnot la usaba también, y ha muerto asesinado; el emperador del Brasil fué arrojado de su trono quizá por la jettatura de su barba blanca. ¿Por qué figura Italia como potencia de primer orden y se codea con sus dos compañeras allá en las alturas de la Tríplice Porque, aparte de otros méritos, nhí están los bigotes del rey Humberto, que son todos unos señores bigotes, y porque Crispi, el jefe del Gobierno, gasta un bigote muy parecido al de Bismarck. Cleveland dura más que Harrison en la presidencia de los Estados Unidos, porque el primero usa bigote y el segundo barba corrida. El príncipe de Grales envejece en su principado sin subir el último s escalón, sólo por la deletérea influencia de su barba. No hay que darle vueltas; así como en la construcción militar pasó ya eí tiempo de la barbacana, en materia de política pasó el tiempo de las barbas de todas clases. Indudablemente los bigotes de Perier han sido su arma principal para vencerá Dupuy, á Constans, á Challemel- Lacour y demás conftc- incantes, todos barbados. Y vengamos ahora á nuestra nación. ¿Comprenden ustedes ahora toda la importancia de D. Amos Salvador como ministro de Hacienda? A bien que si el Tesoro amenaza hundirse, los bigotes del ministro pueden servir perfectamente de puntales. Ni un cuarto en casa y el bigote al ojo dice un refrán antiguo para ponderar la fanfarronería. Y esto es lo que sucede con las arcas del Tesoro español y las envidiables guías de Su Excelencia. ¡Ah! Si D. Francisco Silvelano gastara más que bigote, otro gallo ruso le cantaría. Como sería otra la suerte del partido republicano si Pí y Margall, Salmerón, Labra, Muro, Azcárate y otros jefes procedieran á rasurarse los carrillos. Claro es que no hay regla sin excepción. Pero no vale apuntar como excepción de la regla á D. Práxedes, que, á pesar de gastar toda la barba, va saliendo bien de trancos y barrancos. Nada de eso; en primer lugar, es indudable que su