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EL BESO ROTO Yo guardaba encerrado en el alma un beso tan grande, que quería romper las paredes de su estrecha cárcel; era el beso qae nace tendiendo al cielo las alas, casto y limpio, sin mezcla ninguna de cosa manchada; ese beso que íingen á veces en sus labios tímidos, cuando sueñan con ángeles rubios, los niños dormidos; una noche de invierno, mi madre, herida de muerte, me pidió el beso aquél, en sus vagos afanes do fiebre; cuando trémulo quise de cerca contemplar su rostro, ya tenia el silencio en los labios y el frío en los ojos; la besé con delirio, j i m t a n d o su boca y la mía, por cerrarle el camino á aquella alma imán de mi vida. ¡Oh, qué lucha entablaron entonces el alma y el beso! ¡Todo inútil! ¡El alma en las sombras burlaba su encuentro; u n instante de angustia, u n momento do mortal congoja, y aquel beso tan grande caía con las alas rotas! ¡Madre mía, los besos que han dado mis labios después, sólo han sido pedazos de beso, pedazos de aquél! (DIBUJO M HUERTAS Lüís E A M DE VI J