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Y no habla solamente del tronco: afirma que tiene el cocinero más caro de la villa, verdadera notabilidad que triunfa de su inapetencia (de la de Pulga) que juega grandes cantidades a l a Bolsa; que tiene muchas láminas del Banco; que acaba de comprar una hermosa finca de recreo; que proyecta un largo y costoso viaje de placer por el extranjero; que habla, en suma, con petulancia insufrible, de todas las vanidades y grandezas de la tierra. El rico improvisado es el que para pagar un almuerzo ú otra cualquiera cuenta insignificante saca un billete de mil pesetas y pide el cambio. Aun sin necesidad de pagar nada, y con el pretexto de buscar una tarjeta ó de apuntar unas señas, exhibe la cartera llena de billetes de Banco, vando cuidadosamente el efecto que produce. Eso es lo primero y tal vez lo único para él: producir efecto, deslumhrar á los infelices, humillar á la humanidad entera. Puede asegurarse que la vanidad del rico improvisado es una enfermedad; enfermedad que en la mayoría de los casos mata la nueva fortuna, llevando al engreído mentecato á su punto de partida, ó lo que es lo mismo, al manejo del sable. Uno de los defectos gravísimos de este tipo en el período de la opulencia, es su falta de memoria. Con aquellos que le han conocido ciruelo, ó lo que es igual, Juan Pérez Pulga, es con quien peor se porta y á quienes pretende humillar con mayor empeño. Esos pobrecitos ricos, ciegos por la fortuna vel, eidosa, no ven, no comprenden que están en ridículo, y que si antes causaban lástima, ahora inspiran desprecio, á pesar de su brillante posición y de los gruesos brillantes con que pretenden deslumhrar á los incautos. Los que por medio del trabajo, de la constancia y de la honradez han conseguido crearse una fortuna, no incurren, ni por casualidad, en ninguna de las extravagancias y ridiculeces del rico improvisado. Este viene á probar con sus tonterías lo injusta que ha sido con ¿I la suerte y lo justa que será la Providencia al arrebatarle mañana ó pasado las riquezas que indebidamente posee. Por, ley de compensación, ó de reparación, mejor dicho, casi todos esos ricos improvisados vuelven á ser pobres en un plazo más ó menos largo, según la cuantía de la fortuna que cae en sus manos, ó según la cantidad de tontería con que fueron dotados por la divina Providencia. El rico improvisado que vuelve á su punto de partida, es ahora más pobre que antes porque ya ni siquiera puede contar con la estimación de las personas que se dejaban acometer, y que han tenido ocasión de ver hasta dónde puede llegar un Pérez ó un Pulga en alas de la vanidad. Que es la enfermedad de muchos tontos y de algunos que pasan por discretos. FRANCISCO (DIBUJOS DS M E C A C H I S) FLORES GARCÍA