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422 edificios destinados á oficinas y archivos nada tiene de notable; distingüese por su tamaño y nada más. No asi el hotel del ministro, que es una maravilla arquitectónica por fuera, y por dentro un verdadero museo. Distingüese sobre todo el salón de Embajadores, en donde se reunió el Congreso de París en 1856. Este Congreso está representado en un lieazo pintado por Dubufe, que adorna dicho salón. Vengamos ahora á la elección del nuevo Presidente, verificada en Versalles el 27 del pasado. Apenas. recibida la noticia de la trágica muerte de M. Carnot, y mientras el Gobierno asumía todas las íunciones del Poder ejecutivo, el anciano Presidente del Senado, M. Challemel- Lacour, en cumplimiento de la ley y con objeto de no prorrogar mucho el interregno presidencial, convocó la reunión del Senado y del Congreso, convertidos en Asamblea ííacional en el Palacio de Versalles, fastuosa resideneia de los últimos reyes de Francia, destinada hoy exclusivamente á la elección de Presidente de la República. El Gobierno había tomado grandes medidas, no sólo para garantir la inviolabilidad de la, Asamblea, sino para asegurar allí la alimentación y el descanso de los votantes, cuya faena pudieran prolongar más de lo justo los empates y ballotages. Fuerzas de caballería é infantería acudieron al antiguo real sitio, ingenieros militares reconocieron y vigilaron la vía férrea de Versalles á París, y poco á poco las olvidadas fuentes de Trianon parecían murmurar más alegres al ver animadísimos, poblados y bullentes de vida, los paseos, calles y jardines, tan solitarios y abandonados de ordinario. Cámara de reyes y lecho de príncipes tuvo en el Palacio de Versalles durante unas horas el Presidente de la Asamblea líacional; entre tanto no cesaba el fluir de trenes á la estación, en donde descargaban sus viajeros: diputados, senadores y periodistas; tal era el núcleo de forasteros. Delante del Palacio había tomadas grandes precauciones; fuerzas del eje rcito estaban preparadas para reprimir cualquier alboroto, y los uniformes militares de servicio abundaban casi tanto como las levitas. Las verjas estaban cerradas; ante ellas, inmensa muchedumbre pugnaba por entrar, mas la consigna era severa; los mismos periodistas, aun yendo provistos de la tarjeta correspondiente, tenían que luchar, con no pocas dificultades. A la una de la tarde próximamente apareció en el salón de sesiones el Presidente del Senado, M. Challemel- Lacour, seguido de la Mesa de la Alta Cámara, que forma la de la Asamblea ÍTacional por ministerio de la ley. Veinte hujieres guardaban la escalinata que conduce á la presidencia. -Ábrese la sesión, dijo el anciano Presidente; y declaró constituida la Asamblea para la elección de Presidente de la República. Radicales y socialistas pretendieron torcer el pacífico curso de la sesión con protestas é incidentes, pero el solemne acto no se turba; diputados y senadores van subiendo á la presidencia, emiten su voto y pasan luego á esperar el resultado en la famosísima Galería de Batallas A las tres horas quedó proclamado Presidente de la República M. Casimiro Perier por 451 votos contra 191 de Brisson, 99 de Dupuy, 59 del general Ferrier y 27 de Arago. A las seis de la tarde salía del Palacio el nuevo Presidente precedido de los hujieres del Senado y de la Cámara, y seguido del coronel jefe de la guardia, de los M. D ü P u y secretarios generales del Parlamento y del Consejo de ministros. Redoblan los J E F E DEL eOBIERNO FRANCÉS tambores, suenan los clarines, presentan armas los lanceros, y el público agolpado en la plaza vitorea á Francia, á lajRepública y á Perier. Este avanzaba lentamente, tratando de reprimir su emoción; subió al landau y permaneció un rato de pie y con la cabeza baja recibiendo la primera salva de los aplausos populares. Dupuy se sienta á la izquierda de Perier, el landau preeidencial se pone en marcha, seguido de los coches de los ministros y escoltas de dragones y lanceros, marchando á galope por la ancha carretera de Versalles. El carruaje del Presidente cruzó el bosque de Bolonia, tomó por la avenida del Bosque y campos Elíseos, y por el puente de 3 a Concordia llegó al Ministerio de ííegocios Extranjeros. Al día siguiente surgía, como es lógico, la crisis ministerial, depositando todos los ministros sus dimisiones en manos del nuevo Presidente de la República. Este encargó primero á M. Bordean la tarea de formar gabinete; mas excusándose en sus padecimientos aquel ilustre hacendista, siguieron los trabajos y fué elegido jefe del nuevo Gobierno el que lo era del anterior, M. Dupuy. Aparte de su fama y prestigios como hombre público, Dupuy alcanzó grandísima popularidad este invierno con motivo del atentado de Vaillant contra el Congreso de los Diputados. Dupny. era entoaces Presidente del Congreso; la bomba que arrojó Vaillant iba dirigida contra él; no obstante, sobreponiéndose al pánico de los diputados y del público, apenas se disipó el humo de la bomba, exclamó Dupuy con estoica tranquilidad: -Señores, continua la sesión. LUIS B E R M E J O