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419 dente no volvió en sí hasta que la cruenta operación que le hicieron en último extremo le obligó á dar señales, no de vida, sino de angustia dolorosa y suprema; poco después exhalaba tras horrible agonía el aliento postrero, mientras la turba lionesa, frene tica por el deseo de venganza, se entregaba al saqueo y al pillaje en las tiendas, edificios y casas particulares de la colonia italiana, j -r C M. SADI CAKXOT EN EL LECHO MOKTUOBIO Jerónimo Santo Caserío es, en efecto, italiano; pero los anarquistas no tienen patria, como ha dicho muy bien el jefe del gabinete italiano al protestar del horrible delito con la misma espontaneidad y viveza que todos ios iefes de los gobiernos europeos y americanos. El asesino es un joven de veintidós afíos, de aspecto enfermizo, lampiño, alto, pálido, de mirada inteligente y viva. Aunque desde el momento de su prisión se encerró en un mutismo absoluto, asegurando que sólo hablaría ante el tribunal, el juez instructor de la causa tiene indicios vehementes de que el asesinato de M. Oarnot fué hace poco fraguado en una reunión de anarquistas celebrada en Oette. De esta reunión dio oportunamente aviso á la po-