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414 niños salen á la defensa de la mamá y ponen como hoja de perejil al autor de BUS días, que con la irritación siente con más intensidad que nunca los efectos de la gastralgia, y en aquel domicilio reina durante algunos minutos la más espantosa de las confusiones. -I Qué vida ésta I dice Conejero apoyando los codos en la mesa y la frente en las manos. ¿Por qué me he casado yo? ¿Por qué no me he muerto cuando era chiquitín y tuve aquella escarlatina tan fuerte? Pero hay que escribir los versitos para el número de El Pólichimla del día, siguiente, y Conejero empieza así su composición: La vida está de goces y encantos llena, y la mujer ea ángel que me enajena. ¡Ole con ole! ¡viva mi mujercltal ¡viva mi prole! A los que ejercemos de personas alegres, no nos queda ni aun el consuelo de quejarnos. ¡Hace dos días que tengo un dolor horrible en este vacíol decimos con la faz compungida. ¿Habla usted de veras? nos responden. -Ya lo creo. ¡Vaya! no sea usted guasón. Usted no tiene dolores nunca. ¡Pues si es usted el hombre más dichoso de este mundo! Hay días en que me pongo á trabajar con el mismo gusto que si me estuvieran arrancando con unas pinzas los pelillos del cogote. No hace mucho qae el doctor Gástelo, con una habilidad y una inteligencia superiores á todo encarecimiento, practicó en mi garganta una difícil operación. -Ahora, á descansar, me dijo él cuando hubo terminado la cura. Pero yo tenía que escribir un artículo regocijado, y puse manos á la obra. La verdad es que la garganta me dolía; pero ¿cómo faltar á la obligación? Escribí, pues, el artículo, prescindiendo de mis dolores y del mal humor consiguiente, y al otro día vino á decirme un lector, con la faz jubilosa: ¡Caramba! Acabo de leer lo que dice usted de la familia Besuguete y de aquel niño que se comió un cosmético por equivocación. ¡Es usted el mismo demonio! ¡Ja, ja, jal Se conoce que estaba usted de buen humor. -Ya lo creo, contesté. Yo soy así; siempre alegre. ¡Si viera usted qué contento estaba yo cuando escribía el artículo! No es que yo me tenga por desgraciado perpetuo, pero tampoco puedo decir que me sonríe la dicha, y bien sabe Dios que he pasado algunos disgustos en este vil planeta. Sin embargo, escribo artículos cómicos todos los días; á lo mejor tengo la cara hinchada, ó me veo en la imprescindible necesidad de pagar una cuenta, ó me sale- un forastero chinche que me obliga á acompañarle á ver las Caballerizas y el museo de Historia Natural y el Viaducto y la casa de Sagasta por fuera y yo, echando chispas y dado á todos los diablos, me pongo á escribir en tono humorístico, como si estuviera en el mejor de los mundc s. (DIBUJOS DB M E C A C H I S) LUIS T A B O A D Á LUCHA HEROICA, roR FILIBEET