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A OCHO DÍAS VIST El bando contra la nien licidad. -Xct corte de o- s Milagros. -ha fuerza de la mendicidad, Caridad falsa. -Maneras de pedir. -Para lo qne se pide un perro chico. -Mendigos con música. -El quinto estado La de San Quintín y la de San Bernardino. -Mendicidad política, literaria, etc. etc. -Refranes madrileños. -Gramática parda de la alta mendicidad. Un acuerdo feliz del Gongreso de los diputados. -Los asuntos de Marina. Barcos de papel moneda. -La nave del Estado. -Xi honra ni barcos. -Las bodas del Dux. -Un Congreso de buzos. A la mar fui por cruceros, cosa que la mar nn tiene. -Los marinos de España. Pííguele Dios á la alcaldía el bando que ha dado contra la falsa mendicidad, pero no se lo pague hasta que sus efectos se dejen sentir en las calles de la corte, perpetua sucursal de La corte de los Milagros. Si el conde de Romanónos logra extirpar ese vicio, español de ñ i y madrileño puro, su gloria será p ft able; pero me temo que el joven y simpático alcalde se estrelle contra la fuerza extralegal de la costumbre y la fuerza legítima de la prescripción. A esos mendigos populares, á los que tienen como sitio propio esta ó la otra calle, aquel quicio de iglesia ó el portalón del palacio A ó B, ¿quién les quita de alh ia arrostrar las iras del propio vecindario explotado? Si los mendigos de Madrid se unen, son capaces de derribar, no digo yo al alcalde, sino al mismo Gobierno de Su Majestad. Poco importa que la ley del sufragio no les haya concedido voto electoral, ellos cuentan con el apoyo de la parroquia, de esos infinitos seres buenos, pero de una bondad acomodaticia, que entienden que la tercera virtud teologal debe practicarse en la primera mano descarada que se nos tienda en la calle, y no en la miseria verdadera, que hay que buscar en lo más apartado de los barrios bajos ó en lo más alto de las buhardillas madrileñas. Dicen que el bando del alcalde ha producido ya beneficiosos resultados, pero sin du la será en las cailes apartadas; las vías del centro siguen infestadas por la plaga de siempre. -Una limosna, señorito. -No llevo. ¿Cómo que no? Ayer me dijo usted que me daría, y la palabra es palabra. Ante tal argumento, no hay más remedio que soltar la mosca en el temor de que la supradicha promesa hubiera oído algún notario puesto al servicio del mendigo de marras. Porque bien puede permitirse el lujo de tener un notario para su uso particular quien tiene dado dinero á rédito y casas de alquiler en el propio casco de la corte. Ya no se piden cinco céntimos para ayuda de un panecillo. Se pide un perro chico para ayuda de una tahona. El que mendiga con ayuda de un violín ó de un organillo, no lo hace por amor al arte, sino con la esperanza de que los vecinos le den dinero para que se vaya á otra parte con la música. La simpatía que inspira la desgracia, fingida ó no, ía costumbre de dar dinero á los pordioseros de oficio, las amistades y protección con que cuentan los mendigos populares, todo esto les da una fuerza superior en mucho á la de cualquier alcalde de real orden. Lo que hay es que las rivalidades de oficio impiden que los mendigos se unan y organicen.