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I á 02 al suceso del día el debido y preferente lugar, adornado con los apuntes y dibujos que nuestro activo corresponsal en Lyon nos anunciaba, y que en las presentes páginas pueden admirar nuestros favorecedores. La prensa diaria ha satisfecho en el acto la natural curiosidad del público acumulando detalles que sin cesar ha transmitido el telégrafo en los pasados días. Inútil nos parece hacer protestas de dolor é in 1 lí dignación ante crimen tan salvaje é injustificado. Nosotros, que hemos guardado un premeditado silencio respecto á los últimos atentados anarquistas, imponiéndo j ¡S nos por norma de conducta no mentar poco ni mucho á los desalmados enemigos del orden social, que sólo buscan notoriedad, y tratan, ante todo, de imponerse por el riiLlDA DK CARNO l DEL L ALALIO DEL COilKUCIO miedo, creemos llegado el caso de quebrantar nuestro silencio ante un suceso que de tal manera ha agitado la Europa, coronando con la aureola del martirio á un magistrado integérrimo, leal, honrado, servidor como nunca le tuvo la República Francesa, Presidente modelo que supo vencer obstáculos tan graves como el del boulungerismo y atraer para su nación alianza tan valiosa y codiciada como la de Rusia. tm E l Presidente, cuyo retrato damos en primera plana maravillosamente dibujado por nuestro querido compañero Huertas, había llegado á Lyon con objeto de inaugurar la Exposición regional abierta allí merced á la iniciativa y al genio comercial de los lioneses. En la noche del pasado domingo, y después del banquete dado en honor de M. Carnet en el Palacio del Comercio, disponíase el Presidente á asistir á la función del Gran Teatro, donde le aguardaba inmensa y entusiasmada concurrencia, cuando en el trayecto que media entre uno y otro edificio, un desalmado se subió al estribo del coche presidencial bajo pretexto de entregar á M. Carnet un ramo de flores, y aprovechándose del movimiento que hizo aquél para tomar el regalo, clavó certeramente un puñal en la región hepática del llorado Presidente, partiéndole en dos la- vena aorta y destrozándole la base del hígado. A las dos horas moría cristianamente M. Carnet, después de haber recibido infructuosamente los auxilios de la ciencia y con toda humildad los consuelos de la religión, prodigados por el arzobispo de la ciudad lionesa. Consideramos inútil repetir aquí relaciones y detalles que con toda extensión habrán leído nuestros abonados en la prensa diaria, limitan- dor os á- dar una sucinta explicación de los graGEAX TEATEO bados que acompañan á las presentes líneas. Es el primero el retrato de M. Sadi Carnet. Faltábale poco tiempo para cumplir los siete años de su mandato presidencia y molestias le había acarreado el leal desempeño de su dificilísima magist