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395 Hasta que murió el Sultán no cayó el Gobierno en la cuenta de que ya era hora de cobrar el primer plazo de la indemnización. Y esto no lo digo en tono de censura, porque bien se le pudo ocurrir al ministro de Hacienda cobrar al final, de una sola vez, dejando los plazos á interés compuesto. Mas ahora se presenta el pago muy dificultoroso, como dicen los clowns antes de dar el salto mortal. Quizá se haya echado mano de nuestro dinero para los lutos de la corte. Quizá se haya pagado con ello á) a Funeraria marroquí. Acaso la favorita se haya quedado con la indemnización como paga de tocas, ó el joven Sultán la haya echado en la hucha ochavo tras ochavo. Lo que antes dije: más que el joven é imberbe Abdel- Azis, convenía á España para Sultán de Marruecos cualquiera de los otros candidatos, ó el tío del Sultán (que es el verdadero Tío Vivo) ó el primogénito, que, fanático y todo, por lo mismo que no está educado á la europea, es un pagano de tomo y lomo. Pero ¡es claro! los dos son tuertos. Y no pueden de modo alguno sustituir á Muley Hassan, porque, como tuertos que son, no pueden ser reyes más que en tierra de ciegos. Madrid ya no es Madrid; es una verdadera Arcadia, en donde hombres libres y animales domesticados viven en perfecta sociabilidad. Lo que fué el Paraíso terrenal antes del primer pecado, esto es la corte de las Espaflas. La otra tarde, ¡oh espectáculo digno de una égogla de Garcilaso! un enjambre de abejas, más ó menos áticas, acudió á la Puerta del Sol y plantó el panal en medio de una de las farolas. -i Cielos! exclamaron los transeúntes; ¿irá á repetirse ahora el prodigio de San Agustín, de Cicerón, de San Juan Crisóstomo, de tantos oradores y poetas de la antigüedad? ¿Acudirán las abejas á la boca de Moret, de Castelar, de tantos y tantos Crisóstomos como ahora tenemos? Más fácil es que acudieran á la fuente de la Puerta del Sol como indicando al Excmo. Ayuntamiento que, en caso de quitar de allí el pilón, debe sustituirse por un panal inmenso, desusado, alrededor del cual pueden revolotear los zánganos de costumbre, y de donde salte un sur í tidor de iniel en vez del chorro de agua que remoja de cuando en cuando á la concurrencia. No son sólo las abejas las que acuden á hacer x w vida común con los c atos y gatas de Madrid. La semana anterior, un mono vagaba por los árboles de la plazuela de Santa Ana, yéndose por las ramas de de el Teatro Español hasta la estatua de D. Pedro Calderón de la Barca. Y además de abejas y monos, tenemos en el circo leones mansos, correderas á porrillo en las casas, o os á todas horas en la calle de Alcalá. Si se aprueba el tratado con Alemania, si vienen los ochavos de Marruecos, si se consolida el Gobierno, ¿no es cosa de que JVemoroso- Movet sople la zampona, y de que bailen su compás i i Wáa- Becerra y ClorisAguilera, rodeados, no ya por cuí ¿tro ni por seis borreguitos, sino por toda la Pascua del Carnero? ¡Oh, sí! Madrid es el país del ajo oigo. Y no me refiero á la Cárcel Mcpdelo, aiuo á los vaporosos, idílicos y pastoriles abanicos de Wateau. i LUIS (DIBUJOS DE CILLA) ROYO VILLANOVA