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389 X El hombre apostrofa á las fieras. L a h e m b r a baja la vista con púdica timidez. El Varón m u r m u r a en son de protesta. -jCuáií- bello y cuan parecido! exclama u n a señorita, aludiendo al león y dirigiéndose á su papá. ¿Quién, el domador? p r e g u n t a el padre candoroso. -No, papá; el rey de las selvas, responde la joven, que es novelesca de nacimiento, y aun á r a t o s se siente P a r d a Bazán. j El domador consigue inillisponer al m, atrimonio: los cónyuges se insultan. El dueño les amenaza y corta el disgusto doméstico. U n niño p r e g u n t a á u n señor calvofLue de acompaña: ¿Quisieras tú ser león, abuelito, para tener melena? El domador desafía á las fieras. El público, silencioso y atemorizado, sigue con interés y sin p e s t a ñ e a r los pormenores del espectáculo. Emociones dulcísimas, si no fuera por el temor que sienten los espectadores, no y a de la suerte del hombre, pensando en que las fieras pudieran escapar de la jaula. -Kudesindo, ¿estará segura esa j a u l a? p r e g u n t a u n a señora á su esposo. -Si, mujer, contesta el interrogado en tono agreste, porque le distrae su mitad y no le permite consagrarse del todo á la contemplación del drama; como que está t e r m i n a d a y cerrada con las fieras dentro. Ya! ¿Hacen primero las fieras? M i r a que si so escaparan y nos devorasen- ¡Qué pensamientos t a n trágicos! -O si devoraran al domador- -Del mal el menos. Dichos y el León 2 que pasa de la j a u l a próxima. Momentos de ansiedad. El León 1 celoso, so lanza sobre el recién llegado. El domador procura evitar la lucha y cae. Se oye u n ¡ay! general. Acuden u n criado y la esposa del desdichado domador, y logran extraerlo. P e r o g r a v e m e n t e herido, no puede c o n t i n u a r trabajando. El oso no funciona. Permanece en su jaula, soñando con la selva virgen y el bosque bravio. E n u n momento de silencio se oye la voz de u n inglés que dice á otro con sumo regocijo: -Mi g a n a r las quinientas libras: no es morto, pero mortesino. Los espectadores salen del circo espantados. ¡Espectáculo tierno y civilizador! ¡Qué diferencia entre esto y las corridas de toros! -Yo he visto más que esto en el Extranjero, dice u n señor mayor. E n u n circo de I t a l i a vi á u n domador meter la cabeza en la boca de u n león ¿Y qué? le p r e g u n t a r o n -Como si la hubiera ochado por u n buzón de correos: cuando volvió en si, ya n o la tenia. ¡Qué horror! -Luego lloraba el animalito; y la esposa de la victima, para tranquilizar á los concurrentes, dijo: -El león es u n a fiera muy noble, pero m u y nerviosa, y al sentir las cosquillas del cabello de mi difunto marido en la g a r g a n t a cerró i n v o l u n t a r i a m e n t e la boca. Et voilcí tout. EDUARDO DE PALACIO (DIBUJOS ñu MECAOITIS) EN L A U N I V E R S I D A D ¿Te examinaste por fin? -Hace u n m o m e n t o -Y ¿qué tal? ¡Perfectamente! Me h a n dicho que me puedo ir á almorzar, seguro de que en el globo n o se e n c u e n t r a u n m i n e r a l más duro que mi cabeza. Con que puedes calcular que saldré- -Sobresaliente lo menos. ¡Es n a t u r a l! -No sé, pero es fácil que tenga que r e n u n c i a r al premio. ¿Qué te parece que me ha dicho eso animal de los lentes? ¡Cualquier cosa! -Que soy la calamidad más grande que h a conocido. Que si me llega á pescar Linneo, no llama al hombre homo sapiens- ¡La verdad es que los dos nos lucimos! -En fin, y a se cansarán do suspendernos. ¿Te quedas? -Voy á ver qué hace Pilar. -Pues yo á casa, y en seguida á ver á Lola. ¡Con t a l de que ellas no nos suspendan! -Tienes razÓTi. ¡A gozar! ¡A vivir! ¿Qué importa al mundo que h a y a dos melones más? JULIO E O M E E O GARMENDIA