Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
374 ¡Qué feliz, qué ligera, qué hermosa y libre de cuidados es aquella locuela, sin casa ni hogar que pesen sobre sus espaldas! Y el casero prosiguió su mesurada marcha llevando sobre si su finca, como todos los ricos avaros sus riquezas. -Pondré mi casa, y nadie me vendrá á mi con que si la abeja, si la hormiga, la araña y el caracol, son gentes laboriosas, ordenadas y prácticas, esto es, dotados de sentido práctico. Se puede vivir en sociedad, vestir las galas que yo visto, aventajar en belleza á las flores y en la danza á las libélulas, y ser muchacha de orden; esto no le puede entender la gente esa de la tierra, el bajo pueblo de gusanillos y hormigas. El caso era que la casa de la señorita tenia que ser un palacio, ó por lo menos como el camarín de un palacio. No podía estar en la tierra, porque el polvo y el lodo mancharían la preciosa vestidura, y porque los malvados grillotalpas, con. su chillido estridente, la aturdirían, y otros malvados insectos podrían devorarla N o podía estar en lo alto de los árboles, porque los pájaros voraces, en un abrir y cerrar el pico, se engullen á una mariposa y se quedan tan frescos. -Buscaré una flor desalquilada, blanda, llena de perfume, de tallo firme, para que el viento no la doble, pero flexible, para que la brisa la mueva suavemente en placentero vaivén. Ba, recorramos esta calle de rosas. ¡Cómo estaba el jardín aquella mañana I ¿Qué sucesos importantes habían ocurrido en él? Estos son puntos que es necesario declarar para comprender bien el sentido de esta historia. Ante todo, la guardia de la noche, los dondiegos de noche, habían sido relevados por los dondiegos de día, que, muy lozanamente abiertos, cumplían con sus ordenanzas caballerescas. Como si se hubieran pasado la noche en un baile y á la madrugada aún no se hubieran despojado de sus aderezos de pedrería, veiase sobre casi todas las flores un profuso lujo de brillantes diminutos, diáfanos como lo que eran, gotitas de rocío y franjas de plata de la escarcha. Como brazos y manos amorosamente enlazados, muchos arbustos tenían enlazadas sus ramas; al soplo del fresco matinal se habían saludado gravemente los grandes árboles. Había gran murmullo y alboroto entre las abejas y las avispas, gente plazolera y vulgar que va de flor en flor, como de tienda en tienda, á hacer sus compras, y bnllangneaba monótonamente el populacho de los moscardones. Lo de todos los días: el mundo rueda, repitiendo siempre el mismo seguido movimiento; la vida no es más que la rutinaria sucesión de los hechos; esto es, sin duda, lo que produce la inquietud y la desesperación de las mariposas; y no bien se supo entre aquella población del jardín cuál era el propósito de la mariposilla, cuando éste fué el tema de todas las conversaciones. ¡Buena es ella para hacerse monjal piaban burlescamente los pájaros.