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372 jales, para alargarlo al difunto y que suelte la mosca. ¡Oh Concejo atreyido y despreocupado! I m i tando el ejemplo de D J u a n Tenorio, no quiere dejar tranquilos yacer i los que con Dios están. E n vista dé tan estupendos tributos, se dirán los infelices vecinos de Madrid: -Y a que no podemos morir como los de N u mancia, bailemos como los de Zaragoza. P e r o esto tampoco es fácil. Los bailes, las verbenas, los organillos, todo lo que sea jolgorio, diversión é inocente recreo del pueblo, paga también su tanti quanti. N o hay medio de escapar; la ratonera del A y u n t a m i e n t o es la reina de las ratoneras. Presas ya de miedo insuperable y de terror pánico, podrán exclamar los contribuyentes amedrentados: ¡Á b r e t e tierra, y t r á g a m e! Pero aun esto mismo lo tiene previsto el Ayuntamiento para que el Vecino no se vaya sin soltar la bolsa. Y al efecto, ha creado u n tributo de 5 pesetas por cada cala que se abra en la vía pública. Spí E n t r e el Ayuntamiento de Madrid y el Gobierno de S. M. ¡que diferencia! E n t r e los presupuestos municipales y los presupuestos del E s t a do, ¡qué abismo! Estos han venido después que aquéllos, como viene la calma después de la tempestad. Post nuhila, Phoebus; post Eomanones, Amos Salvador. Todo el peso que había echado sobre nuestros hombros el proyecto municipal, nos lo ha quitado de encima el señor ministro de Hacienda. ¡Ole su madre! ó mejor dicho, ¡ole su tío! Ese optimismo que los presupuestos respiran, esa seguridad del ministro en nuestra próxima regeneración económica, eso de creer en la nivelación á pies juntillas y en la extinción del déficit á ojos cerrados, bien merecen una recompensa extraordinaria y desusada. A Espartero (que también era de Logroño) le hicieron doctor. iCon cuánto mayor motivo no hemos de darle la borla al ministro de Hacienda, ya que sus presupuestos son toda una tesis doctoral, la verdadera tesis doctoral del doctor Pangloss? E l ministro, con uniforme de tal, es decir, ¡con cada ojo así! por toda su casaca, subió á la t r i b u n a llevando al brazo la cartera de Pandora, u n a cartera lujosísima fm- rada en piel de Rusia, que no en piel de contribuyente. Los presupuestos iban atidos con cintas de los colores nacionales. íQué opináis de eso? preguntaba un diputado de los de enfrente. -L o que opina el ministro: que no debe opinar muy bien cuando le pone cintas. La lectura fué un tónico para el partido, UQ calmante para el país alarmado, una adormidera para muchos padres de la patria. Aprovechando tan buena impresión, se t r a t a de discutir los presupuestos á paso de carga. Llabrá sesiones dobles, división de laza en el Congreso y probablemente simultaneidad en los discursos. Todos los que pidan la palabra harán uso de ella á la vez, y así tendremos dúos, tercetos, coros y concertantes parlamentarios. Únicamente surge la dificultad de que no hay tiempo de imprimir el proyecto para que los señores diputados se enteren. P e r o hágase un esfuerzo, repártanse los presupuestos á los padres de la patria, y llámese al libro que los contenga, no Libro Bojo, ni V e r de, -TÍ Azul, como otros volúmenes parlamentarios, sino Libro de Color de Eosa. LUIS H O Y O (DiBL Jos D CILLA) K VILLANOVA