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Á OCHO DÍAS VISTA Los presupuestos mualcipales. -La vieja de SLracusa y Dionisio el Tirano. Movimiento de los v clao -Mudarse por meJararse. El impuesto sobre los carros de mudanzas. -Remedio heroico. Tampoco es bueno morirse. -Jí eroci anim 7,l e- -h 3i ratoaera d jl Ayantamiento. -Supremo recurso. -La previsión de los ediles. Po. S í nubila, Pkcehus- -Los presupuast del Estado. ¡Ole su tío! -Una recompensa. -Doctor Pangloss Salvador. -Antes y después de la lectura. s Presupuestos con cintas. -Discusión ¡I paso de carga. -Dúos, tercetos y coros parlamentarlos. -Ei Libro de Color de Rosa. Cada uno en su casa, y las socaliñas del A y u n t a miento en la de todos. U n carro de mudanzas ¿á quién se le ocurre lujo semejante? Más os vale usar á diario carruajes á la gran Daumont, coches de carreras, ó ¡s. sr carrozas de oro con palafreneros empelen vados y cocheros á la ÍFederica. -E n t o n c e s exclaC ma el vecino obsesiogf. jjado por la lectura de los presupuestos municipales, ¿qué remenos queda? ¿morir acaso? Todo menos eso. E l Concejo no quiere que el vecino muera, sino que viva y sufra. Buena prueba de ello es que su acción fiscal y extractiva llega hasta más allá de la m u e r t e Se paga un t a n t o alzado por cada enterramiento, 1 del proyecto, y desse paga por el coche fúnebre, se paga por el último pués de su lectura ex ¿por respirar acaso? Peor que clamaron algunos ve- suspiro, se paga ciaos, como la vieja esto: por no respirar. Morir en paz tal es la modesta aspiración de de Siracusa: -Dios nos conserve este A y u n t a m i e n to por muchos años. ¿E h? ¿qué dices? preguntaron escnmados algunos concejales, cotno exclamó en caso parecido Dionisio el Tirano. -Q u e Dios os conserve eternamente los fajines, porque como venimos observando que cada A y u n tamiento es peor que el próximo pasado, tememos con fundamento que quien venga después de vosotros ha de dejaros atrás en torpezas, aunque semej a n t e cosa parezca hoy un imposible metafísico. todo fiel cristiano. E l primer movimieato del vecindario fué escaP e r o hoy por hoy, par, huir á la desbandada, coger los trastos (no los la cosa es imposible. del Ayuntamient sino los particulares de cada Acabar de morir y cual) y abandonar por siempre á este empezar á deber al Madrid, yampiro famnso, A y u n t a m i e n t o es toque al vecino impone miedo. do una misma cosa. Mas ¿por ventura son tontos los eliles? ¡Oh Concejo ilust r e! De ti se podrá dePreviendo el caso, han impuesto una fuerte concir como de la hiena: tribución sobre los carros de mudanzas, para que II feroci anímale el madrileño que quiera huir tenga que hacerlo q u e desontierrw l o s nada más con lo puesto, y así, sobre los muebles y objetos que deje, podrán echarse el casero ante cadáveres y se los come vivos. todo, el Aj- untamiento después y el E s t a d o detrás. Cuando pase u n entierro por delante de la casa 0 cabe mudarse por mejorarse, como dijo el de la Villa, todo el mundo se quitará el sombrero. clásico. Los transeúntes, en signo de respeto; los conceSi le presupuestos municipales se aprueban, ¿adonde iremos á parar s A San Bernardino seguramente. ü n popular diario de la mañana publicó el extrac- A