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La humanidad es eternamente la misma; por mucho que la civilización la eduque y la disfrace, alguna que otra vez sacará las uñas como Zapaquilda la bella; en una ú otra forma, con mayor ó menor frecuencia, necesita de los sacrificios humanos. ¡Mal año para los toros! dijimos al ver jugar en los frontones. ¡Mal año para los frontones! decimos al ver morir en los toros. Porque si vale más un partido con apuestas que una corrida sin accidentes, es mucho mejor una agonía probable en la plaza queruna ganancia segura en el frontón. La fácil adquisición de dinero es muy golosa; pero ¿no es mayor la fuerza de la sangre? Por eso, mientras esté en la plaza el riesgo de la vida y en el frontón el riesgo de la fortuna, nunca estará el juego de pelota sobre la lidia de los toros. Afílense las cestas con rueda de vaciador; erícense las pelotas de puntas de París, ó rellénense de dinamita, para que sea fácil un rebote mortal ó un revés- aire sangriento, y sólo entonces podrá asegurarse que el juego helénico de la pelota acabará por sobreponerse á la lidia africana de toros bravos. Y para que esta crónica sea pura y netamente española, ¿de qué sino de la lotería he de ocuparme, después de echar una parrafada sobre los toros? Es el caso que en el liltimo sorteo de la Lotería nacional hubo dos candidaturas para el premio mayor. ¡Dos gordos! Esta ya es cosa para mirada, no con lentes, sino con estereóscopo. Al pregonar el número premiado, hubo quien advirtió la salida de otra bola que se ocultaba modestamente para evitar apuros á la administración. ¡El 11.900! gritó el niño, representante legal de la Fortuna en esta corte. Y uno del público, que se comía el bombo con la vista, gritó á su vez: -Y esa bola que hay en el platillo, ¿no es nadie? Leyóse el número de la bola en cuestión: ¡el 1.875! Desde aquel momento no cupo duda; este último número era el legal, y no aquel once milj al cual nadie conoce. Once mil once mil ¿qué significa eso? ¡como no sea un recuerdo á las once mil vírgenes! En cambio, el 1.875, ¿qué de memorias gratas no evoca en el público y en toda España? Es el año de Sagunto, de la restauración monárquica, del nacimiento de los actuales partidos políticos. Pero ¿quién había colocado en el platillo la bola afortunada? ¿Fué quizá el general Martínez Campos quien, imitando á Breno, arrojó en el platillo, no ya su espada, sino el número que simboliza la mayor de sus glorias? Misterios del bombo y de los platiy ik De hoy en adelante todo jugadV g i r a r qué su terreno pisa y qué número comjjj. j i ma- -C menor legalidad política 4 l ito en casos coS 8- l, 5 dS- 1- Caso que se repetimTpSffue no hay q l o X d a T l de que las operaciones del sorteo estar ii unos niños. ¿2 Í 0 es un juego la lotería? ¿Pues cór 1 TM niños esa diversión? LUIS (DlEDJOS DE CILLA) ROYO V i f S V A