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LA VERBENA DE SAN ANTONIO Siempre llegan juntas á la puerta de la ermita las dos plantas simbólicas del amor que trasnocha: la verbena de los campos y la albahaca de los jardines; la verbena, para alegrar las giras nocturnas de los devotos de San Antonio; la albahaca, para embellecer las ventanas de los cuartos pisos, donde habita la chula petulante, la chula descendiente de la manóla clásica que tomó parte en la guerra de la Independencia. jds- ja: Sin la maceta de albahaca y sin el jilguero que repiq u e t e a alboradas bajo el toldo de cáñamo de la ventana ó dentro de la habitación, colocado con su jaula sobre un cromo de Za Lid ia que deX jY v fiende el empapelado de las abluciones del pajari l i o no t e n d r í a carácter el nido de esa alondra atrevi. -d a q u e madruga- con el sol y vuela en r e d o n d o por M a d r i d drjando en la Cille estela vaporosa de tentaciones y deseos. Sin la mata de albahaca, no tendría frescura la muea de los tendidos y merenderos. Sin la flor blanca ó purpurina de los oasis africanos, no tendría atmósfera propia ni arreboles matizados ese contorno académico de la hija del pueblo que excita en la acera el requiebro de estallido con la sal de su porte y arrebata el corazón con el fulgor de sus miradas. Quitad la maceta de albahaca y el pañuelo de seda á la chula