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360 con cierta expresión de sufrimiento, hasta que acabó por quedarse inmóvil. Más que un ex jefe de orden piíblico, parecía un idiota, ó ambas cosas á la vez. Tocóle un huesecito del occipital, y Cachucha se puso á verter lágrimas amargas. -Su esposa, sin poderse dominar, lloraba también, hasta que gritó fuera de si: ¡Por Dios, Aquilino! no martirice á mi esposo; despiértelo usted. -Esta prueba ha concluido, siguió diciendo el hipnotizador; ahora voy á mixtificarle el paladar- ¿Cómo? exclamó la esposa sobresaltada. -Quiero decir que voy á engañarle, haciéndole creer que come un manjar delicioso. A ver, traigan ustedes cualquier cosa de sabor desagradable. Uno de los tertulianos fué corriendo á la cocina y trajo la botella del petróleo. ¡No, no! gritó la esposa de Cachucha. -Pues bien, dijo el hipnotizador, le haremos comer una vela. ¡De ningún modo! volvió á gritar la de Cachucha. ¡Esto, ésto! añadió otro contertulio; y trajo un pedazo de carbón. -Perfectamente, dijo Aquihno. Óigame usted La señora de Cachucha empezó á intranquilizarse bien, señor Cachucha: tengo aquí un trozo de jamón y a dar brincos sobre el asiento. en dulce, que es muy rico. ¿Se lo va usted á comer? -So se sofoque usted, le decía la de Libreta. El ¿Sí? Pues empiece usted. no sufre nada; al contrario, estará pensando cosas Aquilino aplicó el carbón á los labios de Cachucha. alegres. Este le tiró un bocado y tragó una buena cantidad. -i A contestaba la señora de Cachucha, enjugán- Después hizo un gesto de disgusto- levantó la mano dose el sudor con el tapete del piano, que era áe cro- derecha, luego la izquierda, y se lió á cachetes con cket con viso azul. Aquilino, gritando: -Señoras y señores, decía Aquilino. Aquí tienen- -A mí no me hace usted comer porquerías, granustedes á un hombre de carácter enérgico, de comdísimo pillo. plexión robusta é imaginación tarda, pero poderosa. Aquí le tienen ustedes en completa hipnotización Voy á hacerle girar como si fuera una bailarina. Y aplicándole el dedo á la nariz, obligó á Cachucha á que diese varias vueltas en medio de la sala. Después dijo: -Voy á obligarle á reir á carcajadas, para lo cual bastará que le hurgue en la frente. ¡Atención! ÍTo hizo más que rascarle ligeramente en el frontal, y Cachucha comenzó á reir ifcomo un condenado. Y le soltó hasta diecisiete puñetazos. -Ahora, siguió diciendo Con lo cual se dio por terminada la sesión de hipAquilino, voy á producirle notismo. la tristeza. Luis TABOAÜA