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LOS DRAMAS TAURINOS Rindiendo á la actualidad, sea cual fuere, nuestro acostumbrado tributo, hubie ramos publicado esta página en nuestro número anterior si no hubiese tenido el carácter especial que le dimos con motivo de la E x p o sición del Círculo de Bellas A r t e s Mas si algo han perdido de oportunidad, no han desmerecido de seguro en belleza ni la artística composición de H u e r t a s que hoy- pueden admirar nuestros lectores, ni el inspirado soneto que la acompaña, original de nuestro querido colaborador D J o s é de Velilla, paisano del arrojado matador de toros muerto en la plaza de M a drid el 27 del mes pasado. LA MUERTE DEL ESPARTERO -a ías Alegre y viva música reanena; el sol en oro y plata resplandece; rompe el clarin; el pueblo se estremece y el toro bramador pisa la arena. Corre la sangre en abundosa vena; brinda el maestro, y el aplauso crece; hiere á, la res, que muge y se embravece, y espantoso clamor el circo atruena. El toro cae, mas su infeliz contrario rinde el aliento por mortal herida I Oh diestro sin ventura y temerario! Coged al lidiador jQue está sin vida? Tierra á la sangrel ¡El muerto, al espoliarlo! ¡Aplaudid y que siga la corrida! JOSÉ DE VELILLA 1 T (DIBUJO DE H T J E R T A S J