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UN RETRATO BÍEN CONCLUIDO POE GÜILLAUMK EXCENTRICIDADES Pocos hombres habrá tan extravagantes como D. Eleuterio Chapirón. ¡Válame Dios y qué costumbres tan ravaa padece el buen señor! No se despierta por la mañana si no entra su doméstica en la alcoba con un tapete arrollado al pescuezo y tocando en la ocarina la marcha del Profeta. Nuestro hombre abre los ojos de par en par, bosteza tres veces y se bebe un chico de horchata con patatas fritas, después de frotarse la nuca con unos gemelos de teatro. En seguida se viste, murmurando devotamente la tabla de multiplicar y no sé qué pragmática del rey D. Carlos I I I ¡Pero cómo se vistel Primero se calza, metiendo un pie en un gorro de punto y el otro en una caja de almendras de Alcalá. Cubre luego sus carnes atándose al cuerpo con balduque unos cuantos números de La Voz del fabricante de obleas, y en verano, como suda mucho, sustituye La Voz con papel secante. Sobre la cabeza suele llevar, ordinariamente, una escribanía de bronce que le regaló su tío el arcipreste, y en la mano derecha media libra de escabeche de besugo envuelta en la fe de bautismo de la criada. Una vez vestido, llama á la portera y le hace que toque la pandereta debajo de una consola por espacio de veinte minutos, transcurridos los cuales lanza un suspiro, despide á la portera y avisa al alcalde de barrio para que le rasque la columna vertebral con el bastón de mando mientras llega la hora del almuerzo. Antes de almorzar sube á la guardilla, se quita la dentadura postiza y la esconde dentro de una ratonera. El almuerzo es extravagante como él solo. Comienza D. Eleuterio abrazando á la criada y á un primo suyo que fué guardia civil. Después coge al gato y lo zabulle en la sopera cantando el himno de Garibaldi. Toma luego café moka con aceite y vinagre, lengua estofada á la vainilla con fresones y sorbete de hígado de bacalao, no sin haberse colgado previamente de cada oreja una zapatilla de su planchadora, que es de Badajoz. Después se mete en la despensa con una guitarra, se encarama á un vasar y allí se queda dormido, hasta que le despierta un perro cojo que tiene contratado expresamente para morder á los vecinos. Ya despierto, se pone á trabajar en el descansillo de la escalera. Unos días compone paraguas, otros