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342 superadas, á las del inmortal Delacroix; Jiménez Aranda, con dos lienzos que no sé cuál de ellos es el mejor, aunque me inclino á darle la preferencia á Los pequeños naturalistaSj por la maestría de la composición, la exactitud del dibujo y la justeza del colorido, interpretando admirablemente la figura humana al aire libre; y SoroUa, con un retrato de Luis Sáinz, modelo acabado en su género, y varios cuadros de costumbres valencianas que, con decir que son suyos, basta y sobra para que el elogio quede hecho. De la gente joven, el que para mí ocupa principalísimo lugares Abarzuza, que empieza como muchos quisieran concluir. Un dibujo discreto, procurando sortear todas las dificultades que la práctica todavía no ha sabido vencer, unido á una interpretación honrada y sencilla del natural en lo que al manejo del color se refiere, hacen de la personalidad de Abarzuza una de las más salientes de cuantas han concurrido á la Exposición. Por seguir idéntico camino al buscar la interpretación sencilla de la verdad, sin rebuscamientos tan falsos como anticuados, no debemos ni podemos guardar silencio ante los lienzos de Andreu, aunque pequen de cierta premiosidad en la ejecución; ante un paisaje de Martínez Lumbreras, que pinta lo que ve, y nada más; ante varios cuadros de Andrade, que cada año realiza mayores progresos, por más que con el deseo de acusar el dibujo peque en alguna ocasión de sobrado duro, perjudicando notablemente la entonación general de sus creaciones; ante el único lienzo que expone Ugarte, que, al contrario de Andrade, interpreta mejor el conjunto de la mancha que la pureza de la línea; y por último, ante varias obras de Bertodano, Iniesta, Pallares y Vázquez, que ha llegado en muy poco tiempo á dominar su paleta de un modo pasmoso. De los veteranos del arte, aunque no lo sean por sus años, sólo podemos citar con elogio á Masriera, quien parece iniciar una provechosa evolución hacia la escuela de Rusifiol y Casas; á Muñoz Lucena, más feliz en la interpretación de las medias tintas grises del Norte que de las crudezas de color del Mediodía; á Simonet, en un paisaje africano, precioso como suyo; á Plá, vencedor del conjunto y vencido por el dibujo, harto descuidado para un artista de sus relevantes condiciones; á Carbonell, igualmente justo en el único retrato que expone, como en los varios paisajes que presenta; á Cutanda, más afortunado en la elección de asuntos para sus cuadros que en la ejecución de éstos; y por último, á Francés, Lhardy, Martínez Abades, Unceta, García Ramos, Pulido, Peña, Mathias, Silvela, Manrique de Lara, Garnelo y Benlliure, cuyas obras merecen el detenido examen del que visite la Exposición. En escultura, poco nuevo y nada bueno, excepto una preciosa cabeza de niño de Parera y una reproducción en bronce del viejo de Los primeros fríosj de Blay. De la sala destinada á las obras de Araujo, no es esta la ocasión de decir nada, cuando BLANCO Y NEGKO está ya preparando su silueta artística; y del Salón formado con los donativos hechos por varios artistas para la erección de una estatua á Velázquez, y donde brillan por su ausencia casi todos los artistas andaluces, únicamente podemos afirmar que como el público no ponga más interés, que los pintores arte en sus regalos, el inmortal artista sevillano seguirá sin estatua por los siglos de los siglosj y suprimo el amén porque no deseo que así sea. AUGUSTO COMAS Y B L A N C O 4? y V