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De alcaldes tampoco está mal la Exposición. Más de un visitante, puesto sobre aviso, ha entrado en las salas con el catálogo en una mano y en otra la ley Municipal. ¿Qaién será el que se lleve la palma de todos estos pintores? preguntan de pronto. ¡V e t e á saber! Cada cual tiene su opinión, pero á mí me han dicho que es una monja. ¿Una monja? -Sí; Sor no sé cuántos. Indudablemente se referían á SoroUa los isiclros del diálogo. Ante los cuadros del joven artista valenciano hay siempre buen golpe de admiradores y devotos. -jVaya una luzl ¡vaya un cuadrol ¿No te parece que hay que mirarlo con lentes? -I Ya lo creo I Con lentes ahumados. Ba medio de la sala de Velázquez se levanta una plaíaforma que llama la atención de los visitantes candidos. ¿Qué querrá decir esto? -Pues nada; que aquí será la rifa; porque todos estos cuadros se sortean para hacerle una e s t a t u a á no quién. Me e s c a m o! Yo creo que todo ese catafalco es el patíbulo, ó como le digan. -I Quita de ahí! -Arrepara, si no, en esas tres cabezas cortadas qiíe hay allí delante. Y en efecto, delante de la enigmática plataforma se alzan en sendos pedestales tres cabezas misteriosas, de cuyos troncos respectivos nada se sabe por ahora. Esto y el pavimento, de claraboya verde, dan á la sala de Velázquez un aspecto especial. Hay quien no entra en la sala así lo maten, para que no le llamen pisaverde. En cambio, la instalación original de Basato y Amalio atrae al público de todas las edades y condiciones. Asomarte aqui, se oye por aquellos cristales, es como estar á la vez en Apolo, en el Real, en Eslava y en la Comedia. Los bocetos de las decoraciones, armados y preparados con sus bastidores y bambalinas, se ofrecen al espectador como una colección de recuerdos de la temporada teatral, metida entre cristales como la linfa vacuna. -Mira; aquí tienes Bl cocodrilo, aquí Los voluntarios, allá La caza del oso. -Bueno, pero la que yo busco es otra. ¿Cuál? -Esa que se está poniendo hace tantos años, y todas las noches, en todos los teatros por horas. -No conozco ninguna obra en esas condiciones. -Sí, hombre, sí; esa que se llama déjame recordar Segundo acto de la misnia. El trofeo de brochas de escenógrafo que aparece sobre los bocetos, y los cacharros llenos de pintura, inspiran á todos curiosidad no floja. ¿Para qué será eso? preguntan mirando á lo alto; ¿para hacer la limpieza? -No, hombre; para pintar las decoraciones. ¿Y estos frascos de aquí abajo? -Deben de ser colores en compota, LUIS R O Y O (DIBUJOS DH CILLA) VILLANOVA