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LOS DOMINGOS DE LA EXPOSICIÓN Nosotros los profanos en materia de arte no podemos visitar solos la Exposición del Círculo, como no Íbamos solos tampoco á oir la música de Wagner en el Príncipe Alfonso. Oir y callar, ó ver y callar, es nuestra única misión, según que se trate de solemnidades musicales ó de acontecimientos pictóricos. A nadie le faltan amigos cariñosos, al par que peritos, de quienes echar mano en estos casos, bien para que nos expliquen las agonías musicales de La, muerte de Isolda, bien para que nos coloquen ante los cuadros buenos y nos alejen de los cuadros malos. -Tú me dirás cuándo he de admirarme, le decimos. Y según las señas confidenciales del cicerone, exclamamos ¡ahí con extrañeza, ú ¡ohl con admiración, ó ¿eh? con escama; que en materia de arte, como en materia de lectura, lo primero es aprender las cinco vocales. Irse á las Exposiciones sin saber de pintura y no pedir práctico como hacen los buques mercantes, es tener la seguridad de no llegar nunca á seguro puerto. En cambio, á cualquier sitio se va bien, acompañado de personas peritas en dulce. Pero si no os lleva á la Exposición afán crítico de ninguna clase, ni queréis comprar cuadro alguno, mejor es que sigáis á cualquier grupo de isidros rezagados ó echéis tras de algún espectador largo de lengua, si bien indocto, seguros de que lo que no ganéis en cultura artística lo ganaréis en buen humor, oyendo salidas de pavana y exclamaciones de pie de banco. Quédense para los devotos del arte las visitas en día feriado, y aguardémonos nosotros al domingo, santo y festivo día en que al amparo del descanso dominical y de la rebaja de la cuota de entrada desfilan por aquellos salones la nata y prez de nuestros más simpáticos indocumentados. A éste no le gustan más que los cuadros grandes, aquél se fija S- más en los marcos que en los lienzos, á otro le preocupan sobre manera los números que ostentan las obras para el fácil manejo í; j del catálogo. -Oye, dicen, jpara qué son estos números, vamos á ver? Hombre, yo no sé á punto fijo, pero puede que estén allí para que todos tengamos algo que contar. Lo que ellos sienten es el silencio de los celadores. Si éstos dieran una explicación frente á cada cuadro y dijeran lo que aquello representa, los forasteros sacarían mucho más partido de la Exposición. -1 Pa chascol exclama uno; yo que quería llevarme un par de santos pa la iglesia del pueblo, no encuentro una figura con corona, ni siquiera buscada con candil. -Poco hay de eso, en efecto, pero hay algo. ¿No has visto allá adentro una Dolorosa al pie de la Cruz? -Sí que la he visto; pero, la verdad, aunque yo no entiendo de estas cosas, me ha parecido muy pequeña. ¿Estás seguro de que es la Dolorosa? -Hombre, si no es ella, de seguro que es su hermana la menor. En las antesalas, cuyas paredes cubren tapices amarillos, se cruzan los visitantes que salen con los que entran. -Chico, ¿y esto, qué es? dicen los recién venidos, parándose ante los tapices. -Esto, responden los otros, son los pañales. ¿De quién? ¡Toma! de los chicos que veréis ahí adentro; todas las paredes están llenas. Y, en efecto, son varios los infanticidios pictóricos que hay que lamentar. No hay que extrañar, sin embargo, la abundancia de niños, ni la de militares que también se observa. Sabido es que, en estos sitios, niños y soldados entran con más facilidad que el resto de los mortales. ílt