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SILUETAS ARTÍSTICAS SALVADOR MARTÍNEZ CUBELLS i iido en Valencia y educado con los escasos recursos qno idre, modesto empleado del Museo de San Carlos, podía rcionarle, Salvador Martínez Cubells todo lo debe á su propio y soberano esfuerzo. Entre la multitud de condiciones excelentes que Martínez Oiibells tiene como artista, ocupa preferente lugar la virtud de la constancia. Nuestro notabilísimo pintor no ha sido jamás de los que, una vez alcanzada la recompensa, han desertado del cíirapo de batalla para no exponerse á una posible derrota, no; Martínez Cubells ha concurrido á cuantas Exposiciones se han celebrado en España, sin tener siquiera la esperanza de conseguir la gran medalla de honor, que es el único premio que le falta; pues conociendo todos nuestros prejuicios en materias artísticas, sabe de sobra que con el retrato, que es el género que hoy cultiva, con exclusión de todos los demás, es inútil pensar en tamaña recompensa. Esto, después de todo, retrata á maravilla su temperamento artístico, haciendo de su personalidad una de las que más desinteresadamente se mueven en el mundo del arte. i i Una vez ganada la medalla de primera clase con Xa educación del Príncipe Don Juan, lienzo que hoy decora uno de los testeros del salón de conferencias del Senado, Martínez Cubells no se retiró á su casa para explotar cómodamente el renombre conseguido, sino que, siguiente en esto el ejemplo que dan en el extranjero los más eximios maestros, jamás ausentes de los concursos artísticos, Martínez Ciibells se ha hecho presente en cuantas Exposiciones se han venido celebrando desde aquella fecha, y si en alguna la fortuna se mostró esquiva con el gran artista, como sucedió cuando expuso Guzmán el Sueno, en todas las demás el triunfo ha sido franco y decidido. jf, X Martínez Cubells podrá recibir el día de mañana alguna herida de la crítica, que nada perdona, pero la herida será siempre en el pecho, jamás en la espalda, porque Martínez Cubells no es, como queda dicho, de los que abandonan el terreno conquistado en cobarde y precipitada fuga. El eminente pintor valenciano ha cultivado todos los géneros, y en todos ellos ha dado gallarda muestra de sus talentos indiscutibles. Entre los cuadros de caballete. La vuelta del torneo y La hostería; entre los cuadros de Historia, La educación del Príncipe Don Juan y Doña Inés de Castro, que le valió la segunda medalla de primera clase; entre la pintura religiosa, los lienzos de una capilla de San Francisco el Grande; entre la pintura decorativa, los techos del palacio de Longoria, y entre los retratos, el