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¿29 jOh número terrible! J i Génesis, libro antiquísimo y piadoso, dijo á las gentes: El séptimo descansó. Las ordenanzas municipales dicen ahora: E l séptimo no puede descansar: tiene que seguir á pie hasta el final de su camino. No es cosa t a n fácil como parece ser cobrador de tranvía en los tiempos que corren. La empresa le exige que lleve la contabilidad al dedillo. E l po- bre cobrador está siempre sacando la cartera y tomando apuntes como un touriste. Los dependientes del municipio son inexorables respecto al bando de la media docena Y como es incesante el subir y bajar de los transeúntes, el cobrador tiene que ser todo ojos para conservar incólume el equilibrio municipal d é l a s plataformas. Da miedo ir en el tranvía estando los dependientes próximos á volverse locos. -P o r Dios, cobrador, ¿no hay sitio para mí? V e a usted que estoy muy cansado. -Lo siento, pero las plataformas están adocenadas. ¿Y en el interior? -V a n los justos también. -N o i m p o r t a iré de pie, agarrado á las correas. -N o se puede. -E n t o n c e s ¿para qué son las correas? -P a r a dar azotes á los viajeros que no cumplan las órdenes de la alcaldía. Todavía n o h a n caducado los billetes baratos, ó lo que es igaal, aún transitan los isidros por la corte con la misma animación, aunque con menos torpeza que los primeros días. E l tiempo, metido en lluvias, ha deslucido un tanto las ilusorias fiestas del patrón de Madrid; pero el perfecto isidro, lo mismo que el caracol, ha aprovechado los momentos de bonanza para echarse á la calle con la casa á cuestas. Sin duda San Isidro ha querido recibir á sus huéspedes con todos los honores militares, y les ha presentado armas sin tener en cuenta que aquella aguijada prodigiosa que, apoyada en el suelo, hacía manar milagrosas fuentes, podía deshacer en agua las nubes cuando volviera la p u n t a hacia el cielo. E n la P r a d e r a han demostrado los isidros que no son ranas; pero ranas é isidros han compartido por igual el dominio de la Pradf ra. -Y o no lo siento más qu or las rosquillas, decía uno; ¿crees t ú que se me desharán? -N a d a de eso; son de ceu mto Portland, más duro cuanto más mojado. Los que vinieron nada má con lo puesto, creyeron verse crecer al mirar cómo se les encogía la ropa. A los demás les ha salido gratis el lavado. ¡Nos hemos fastidiao! decía u n isidro, hecho u n a sopa; ¡yo que he venido sólo con una muda! ¿Con una muda? ¿Y por qué has hecho eso? ¡Toma! porque no me gusta hablar por el camino. U n a romería sin sol, ni es romería n i es nada. La sombra quita la alegría, el fango no permite 1 ailar, el agua estropea el vino por completo. ¡Malhayan los botijos, que deben ser los que atraen el agua! -Y o decía un isidro, no hago más que dar vueltas en este Madrid. ¿Te gusta callejear? ¡Ca! es que me paso las tardes en el Tío Vivo. ¡V a y a u n capricho! No es capricho: es que tengo re: i: ma y no quiero poner los pies en Lnis ROYO V I L L A N O V A (DiBCios nB CITJ. A)