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iJa i -í JR P TíOYELAS RELÁMPAGOS V BURRO FIEL Ah, no. nol ¡Imposible! Darían parto á sus jetes, se pondrían en campaña, la meterían presa ¡Ella, mi hija, conducida como un ladrón entre dos nítíT guardias civiles! ¡No, nunca! Me callaré, no diré nada al cabo. ¡Pobrecita mía! Y sin embargo, lo merece. ¡Huir de su casa, de esta casa, donde era una reina, donde no había otra voluntad que la suya! ¡Infame! ¡Abandonar á su padre, que la idolatraba; á su pobre viejo, que se miraba en sus ojos! ¡Dejarme solo, sabiendo que en ella se cifraba mi última alegría! Pero ¡Dios mío! ¿Es posible? ¡Mi Maruja, tan buena, tan sencilla, tan humilde, tan inocente! ¿Qué tentación la ha perdido? ¡Oh, si! ¡El hijo del abogado es el que me roba la felicidad! Desde que ese malvado regresó al pueblo, mi pobre hija varió por completo de carácter. Yo conozco su corazón; María no es mala: ha sido débil. ¡Si yo la viera, si yo hablara con ella! ¡Ah, yo iré á buscarla al fin del mundo, yo sabré encontrarla, yo la perseguiré hasta descubrirla! ¡Tenderé hasta el último clavo, pediré limos-