Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UN DRAMA EN LA PRADERA -Yo había leído muchas estadísticas y muchos discursos sobre la ciencia penal, díjome mlster Wieiwon, escritos por mi buen amigo y camarada en la escuela de Oxíord y en la de Cambridge, Sir Lectow; había publicado un mapa con colores que determinaban el carácter predominante y peculiar de las pasiones y los delitos de cada pueblo. Cada nación tenia en la faz la tinta de sus vicios: Inglaterra, el morado de la embriaguez y amarillo gris de la codicia; Francia, el pálido de la sensualidad; Italia, el verde de la venganza; y así otros pueblos, España entre ellos, el vivo rojo del crimen por orgullo y por amor. Bien lo sabéis, mi querido amigo, añadió míster Wierwon: había sido invitado por nuestro amigo Carlos para pasar una temporada en ISspaSa, y me hallaba, hace pocos años, en Madrid y en Ja pradera de San Isidro. No necesitáis ni la pomposidad de una exuberante vegetación, ni las prosperidades y riquezas de una época de bienandanza industrial, creoque ni victorias, y estoy por decir que ni motivo alguno, para ser alegres y llenar de ruidoso regocijo, de hormiglea lora animación, un campo yermo, ceniciento, apenas en ganos puntos moteado de un ligero mitiz verde grama, en gran parte seco por el fuego del sol; os basta vuestro cielo, espléndido de luz y az al hermoso, y añadiré que vuestra sangre meridional, hirviente y rica en globulillos rojos. Mareado durante nuestra marcha en el carricoche que Carlos alquiló, mareado por los innumerables ómnibus, coches, tartanas, cestos, tílburis, caballos y toda clase de vehículos y acémilas. He y, gamos á la Pradera, donde por todos lados pululaba una alegre muchedumbre, se ofrecían mil barra íS íi cas de refrescos, fondas ó merendero? vendedores de frutas y de juguetes, de silbatos, ñores y botijo? y donde, en fin, á una y otra paite se ofruCiau cuadros de Goya y escenas de saínete de D. Ramón de la Cruz. -Está usted muy cootento, señor D. Carlos, dije á mi smigo, que sonreía con grzo y miraba lleno de entusiasmo á todas partes. -Lo estoy, me contestó; estas costumbres tradicionales me entusiasiian, querido Wierwon. -jOhl Para mi, que soy extranjero, son sin duda muy interesantes, pero no deja de sorprenderme que usted encuentre en ellas placer. Resulta monótono esta incesante repetición de la misma fiesta un año tras otro año. -Querido míster, esto de qae así se sucedan, reproduciéndose, las fiestas anualmente con regalada periodicidad, me contestó mi pobre amigo, es un bien para los que como yo ya no son mozos. -I Oh! no es usted viejo, amigo, dije riéndome á más reír y mirando á nuestro amigo con verdadero asombro.