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308 Tomará á los microbios recién nacidos, los educará en el santo odio al Largues, les enseñará á distinguir de intestinos por si se cuelan en el cuerpo de un obrero y no en el cuerpo de un capitalista, y los soltará cuando ya sean microbios hechos y derechos y sepan al dedillo su obligación. El aire y el fuego, la tierra y el agua, serán infestados por los pequeños organismos antisociales. ¿Qué hacer contra ellos? La policía y la guardia civil, las leyes y los tribunales, resultan inútiles. No hacen falta ya procedimientos duros, sino desinfectantes. La cuestión social queda reducida á una cuestión de higiene. Lo que no ha podido conseguirse con ejecuciones ni con castigos, quizá se consiga con ácido fénico y cloruro de cal. No habiendo logrado nada la Sociedad al echarse en brazos do los gobiernos, se arroja ahora en brazos de la Medicina. Los médicos son nuestra única esperanza. Y no muy fundada, después de todo. Que si en otras ramas de la Medicina han puesto gallardamente los puntos sobre las íes en cuanto á microbios no han puesto todavía, ni mucho menos, los puntos sobre las comas. Cuando leí en los periódicos la noticia de la muerte de Villergas, me disponía á abrir los pliegos de un libro de versos debido á una pluma muy bien cortada, la del joven poeta zaragozano Luis Ram de Viu. Nada tienen de común, ciertamente, el viejo satírico castellano y el sentidísimo poeta aragonés, como no sea el punto común que tienen en todo camino al encontrarse aquél que viene con aquél que se va. Mas el nombre de Villergas, hace años olvidado, y el nombre de Ram, todavía no conocido como se merece, se esfuman en esa neblina que rodea nuestro mezquino horizonte literario, pese al regionalismo pujante, al telégrafo y al ferrocarril, que no consiguen dar eco público ni fama al madrileño desterrado ó al provinciano reacio en venir á Madrid. Viviera en la corte, en vez de vivir en Zamora, el atrevido autor de El baile de Piñata y es seguro que la prensa y los círculos literarios no hubiesen dejado de pelotear su nombre, y la figura del poeta hubiera seguido siendo popular, como son populares aquellos epigramas tan graciosísimos como éste que copio: Aquí vive Don Andrés, aquél que con tanta gloria anda enseñando el francés, la gramática, la historia y los dedos de los pies. Escribiera Ram de Viu en los periódicos de Madrid, como lo hace allá, esmaltando con sus irreprochables composiciones la prensa aragonesa, y es claro que la publicación de sus Horas de luz estaría días hace anunciada y pregonada con bombo y platillos. A falta de estos elogios previos, no han de faltarle al libro en cuestión razonadas y grandes alabanzas, porque ni Ram de Viu es un novato, ni, aunque lo fuera, dejaría de cobrar desde luego personalidad propia literaria con estas Horas de luz, fruto de una pluma descansada, de una mano que trabaja sin apuros 1 i apremios, de un corazón henchido de poesía sana y fresca, con im vigor juvenil y un aura popular que la hacen inevitablemente simpática. Copiaré al azar unos cuantos versos del poeta: Camino de aquella ermita que encima del monte está, y enrojecidos los tristes ojos de tanto llorar, turbio el cielo, mudo el viento y grande la soledad, mi madre me preguntaba las causas de mi pesar; y yo, por toda respuesta, y señalándole allá muy arriba, muy arriba, en la azul inmensidad unos jirones de nubes que flotaban al azar, la dije casi llorando, por no contarla mi mal: I Madre detrás de esas nubes qué bien se debe de estar! Y aquí termino, haciendo mil protestas de que esto no ha sido una presentación. Primero, porque Ram de Viu está ya hace años presentado. Segundo, porque de necesitar bautismo, no tengo yo poderes, ni siquiera sal, para administrarlo en las letras. Y tercero, porque no quiero correr el peligro de que el público me diga como el señor del cuento: -Y á usted, caro amigo, ¿quién le presenta? Lvrn ROYO VILLANOVA (DlBL- JOS DE C I L L A)