Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
301 Desocupóse, en fin, una mesa ¡Qué precipitación para apoderarse de ella! Ooúpanla una madre, dos hijas y un caballero andante, el cual, á fuer de galán, pone en manos de la mamá la lista fatal. Los ojos de ésta brillan al verla Pichones, pollos, chuletas ¿Qué escogerá? -Yo, lo que ustedes quieran; pero me parece que ante todo debe venir un par de perdices; tú, Paquita, querrás un pollito, ¿no es verdad? -Venga, gritó el galán, entusiasmado, -Y tú, Mariquita, ¿jamón en dulce? -Pues yo, á mis pichones me atengo. Vaya, probemos de todo. -Venga de todo, respondió el Gaiferos con una sonrisa si es no es afectada. Con efecto, el mozo viene, la mesa se cubre, el trabajo mandibular comienza, y el infeliz prevé, aunque tarde, su perdición; mas entretanto Paquita le ofrece un alón de perdiz, y en aquel momento todas las nubes desaparecen. La vieja incansable vuelve á empuñar la lista. -Ahora los fritos y asados, dice, y señala cinco ó seis artículos al expedito mozo. No para aquí, sino que en el furor de su canino diente, embiste á las aceitunas, saltando dos de ellas á la levita del amartelado; cae y rompe un par de vasos, y para hacer tiempo de que vuelva el mozo, se come un salchichón de libra y media. Tres veces se habían renovado de gente las otras mesas, y aún duraba el almuerzo, no sin espanto del joven caballero, que calculaba un resultado funesto; las muchachas, cuál más, cuál menos, todas imitaban á la mamá, y cuando ya cansadas apenas podían abrir la boca, las decía aquélla: -Vamos, niñas, no hay que hacer melindres. -Y siempre con la lista en la mano, traía al mozo en continua agitación. v. mi? K Por último, concluyó al ña de tres horas aquel vio lento sacrificio; pídese la cuenta al mezo, y éste, después de mirar al techo y rascarse la frente, responde: -Ciento cuarenta y dos reales. El Narciso, á tal acento, varía de color, y como acometido de una convulsión, revuelve rápidamente las manos de uno á otro bolsillo, y reuniendo antecedente? llega á juntar hasta unos cuatro duros y seis reales; entonces llama al mozo aparte, y mientras hace con él un acomodo, la mamá y las aiñaa ríen graciosamente de la aventura. Arreglado aquel negocio, salen de la fonda, llevando al lado á la Dulcinea con cierto aire triunfal; pero á p. cos pasos, un cierto oíicialito conocido de las señoras que se perdió á la entrada de la fonda, vuelve á aparecer casualmente y ocupa el otro lado de Doña Paquita, no sin enojo del caballero pagano. Mas no para aquí el contratiempo; á poco rato, el excesivo almuerzo empieza á hacer su efecto en la mamá, y se siente indispuesta; el síntoma catorce del cólera se manifiesta estrepitosamente, y las niñas declaran al pobre galán que por una consecuencia desgraciada su mamá no puede volver á pie No hay remedio; el hombre tiene que ajustar un coche de colleras y empaquetarse en él con toda la familia, más el aumento del recién venido, que se coloca en el testero entre Paquita y su madre, quedándole al caballero particular el sitio frontero á é ta, par i ser testigo de sus náuseas y horribles contorsiones. El cochero, en tanto, ocupa su lugar, y ¡Chas co onatidanta! AI ruido del coche desperté precipitado, y mirando al reloj vi que eran las diez, con lo cual tuve que desistir de la idea de ir á la romería, quedándome el sentimiento de no poder contar á mis lectores lo que pasa en Madrid el día ds San Isidro. UAMÜS J) E M E S O N E R O R O M A N O S (DIBUJOS DE I MOTA)