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dinero en papel que lleva encima; en todas las calles le asalta un antiguo conocido, de quien él no recuerda, pretendiendo llevarle á cualquier circulo de recreo donde se pasa el rato y se aguarda la hora de los toros ó del circo. Los que nunca han estado en Madrid, ó loa que estuvieron hace muchos años, encuentran en la corte grandes novedades. El BaBoo, La Equitativa y el palacio de Bibliotecas en cuanto á edificios públicos; los frontones en lo que atañe á recreos de envite y azar; D. Alvaro de Bazán, el teniente Buiz y la reina Cristina, como monumentos de la edad de bronce; un Salvador de menos en. lo taurino; un Salvador de más en lo económico, 6 infinidad de tarugos que hacett carrera (Carrera de San Jerónimo, se entiende) Lo que mata al isidro son as distancias. En ir de una parte á otra se va un cuarto de día. Lástima que no hubiera un telépedo para los pies, como hay un teléfono para la voz I El tranvia no es bastante, y resulta inútil además para el que no conoce las líneas al dedillo. Hay quien quiere ir á la Casa de la Moneda, y se encuentra en la Cárcel Modelo; otro se propone llegar al Banco, y da en el Hospicio. No hay cosa peor en este Madrid que ignorar el camino recto y negtiTO para llegar á cualquier cosa. Como las Cortes están abiertas, los isidros tienen esta diversión de más. El diputado del distrito les proporciona tarjeta, y un amigo del diputado (que en el pueblo es muñidor y en Madrid cicerone) les acompaña á la tribuna, donde pueden ver el espectáculo con relativa comodidad. Como no conoce el personal, para el isidro todos son unos: monárquicos y republicanos, liberales y conservadores. ¡Si al menos los primeros llevasen corona y los segundos gorro frigio! ¡Si los ministeriales aparecieran comiendo turrón y los oposicionistas pan endurecidol Pero tal como se le presentan, es difícil distinguir á primera vista los unos de los otros. Al salir del palacio se fija en los leones, y pregunta al amable acompañante: ¿Pero éste es el Congreso ó la Casa de la Moneda? -Hombro, el Congreso; ¿todavía dudas? -No; pero como veo esos dos perros chicos de bulto, creí que estaban aquí de muestra. Al juego de pelota se aficiona pronto, mucho más si gana en las apuestas la primera vez. Porque ya es sabido: el que ve una cesta ve ciento, si le dan momios y tiempo. J u n t o al isidro sencillote y popular vienen, como ya he indicado, el isidro administrativo, que trae una contrata entre manos; el isidro de la moda, que viene á. adquirir las novedades de la estación; el universitario, que llega á examinarse por libre, y el científico, literario y artístico, que trae un discurso, un cuadro ó un tomo de versos bajo el brazo. A falta de valer, tienen la constancia de San Isidro para sacar agua de la roca. Como el santo siervo de Iván de Vargas, dejan que el ángel de su guarda les guíe los bueyes allá en el pueblo mientras ellos vienen á Madrid á encomendarse al santo de su mayor devoción. El mundo todo es máscaras, todo el año es Carnaval decía Fígaro. Madrid todo es pradera digo yo, y todo el año es San Isidro para el que sabe encontrar su rosquilla, su botijo ó su pito de cristal, ya en el río revuelto de una crisis, ya en los faldones de un personaje amigo, ya en las aldabas de esta Puerta del Sol, que las tiene, aunque para ojos miopes no haya allí ni tal puerta ni tales aldabas. LUIS (DlIBOJOB DB CIljIiA BOYO VILLANOVA