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Yo soy, caballeros, la propia Javiera que allá en Villarejo no tiene rival haciendo rosquillas en u n a caldera que luego producen un buen capital. Oon grandes montones de pan machacado, canela y azúcar, aceite y limón, ceniza y arena, serrín tamizado, castañas pilongas, potasa y cartón, fabrico rosquillas que al más relamido le saben á gloria, que es mucho saber, y al cabo de u n rato de haberlas comido le causan disturbios por dentro del ser. Así que se acerca la fiesta bendita del Santo P a t r o n o que adora Madrid, me pongo en u n puesto cercano á la ermita, y en él instalada me apresto á la lid. ¡Oh, sí, caballeros! Me apresto á la lucha con otras J a v i e r a s de muj mala fe que no tién vergüenza ni poca ni mucha, orque hacen la masa Dios sabe con qué. No tengo yo primos, n i hermanas, ni tías, por más que las gentes lo crean así. Los vínicos primos que tengo estos días son todos los tontos que acuden á mí y adquieren la masa que os he referido; ¿pero otros parientes? J a m á s los gasté. ¡Por no tener nada, ni madre he tenido I Xací j u n t o al horno, Dios fabo por qué.