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-La laboriosidad, eh? -üuo. -jCómo uno? Ah, nol No me referia á usted. -La laboriosidad es la base de la riqueza, jeh? -Dos. -Y hogar en que la mujer no se deja conquistar por la molicie, ¿eh? -Tres. -Hogar en que reina la virtud, ¿eh, Doña Puritaf- C a s t r o (Hoy trae buena ración. (E s t a Bita es atroz. Yo voy á reventar de risa. Es verdad. (DIBUJOS DE G R O S) -Mi gran ilusión de toda la vida ha sido crearme una familia, ¿eh? -Cinco. ¿Cinco familias? -i Já, já, jál No, D. Facundo. Espito que no me haga usted caso. -Continúe usted. Es que mi hermana no sabe trabajar en silencio. -El amor ¿eh? suavizi lo áspero de esta cuesta que se llama vida, y ayuda a subirla hasta el fin, ¿eh? sirviéndole á uno de báculo la esposa y los hijos, ¿eh? -Seis, siete, ocho. -La existencia seria imposible en la soledad, D. Facundo. -usted piensa muy hondo. Doña Purita. ¿Y por qué no se ha casado usted? -Diré á usted. Doña Kita, abriéndola mi corazón; hasta hoy no he haHado á mi paso el ser ideal soñado por la imaginación, ¿eh? -I Nueve I- Pues, señor, me van escamando los apartes de Doña Eital) Hoy el mundo me sonríe. ¿De suerte que usted ha encontrado su media naranja? -Creo haberla encontrado, ¿eh? -I Diez 1- -Pero ¿qué cuenta usted. Doña Eita, aunque sea mucha curiosidad? -Los puntos de la media. VII- ¡Já, já, jál- Ji, jl, jil Cincuenta justos ha soltado. ¡Cincuenta! -Me parece que has extremado un poco la broma, Eita. S 3 ha ido muy receloso. ¿No querías evitarte una respuesta? Pues estás servida. ¡Cualquier día vuelve D. Facundo á oirme contar los puntos! ALFOÍÍSO P É K E Z NIEVA