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281 Tribu, horda, turba, ejército ó enjambre que de sus antros la miseria txpulpa y que acaudilla descarnada el hambre, muchedumbre fanática y convulsa por el dolor y el odio convocada, en son de guerra formidable asoma y recuerda la hueste contra Koma á la voz de Espartaco levantada. I Son los obreros! ¡Trágicos semblantes en que graba el rencor sus huellas ruda? frenético ademán, frentes ceñudas, roncas garganta? ojos centellantes de recia fiebre con el brillo insano, ágiles cuerpos que el furor disloca, con la amenaza en la robusta mano y el fiero grito en Ja rugiente bocal iBotre esa muchedumibre que, bravia, m ildiciones y muertes vocifera, llama de incendio, resplandor de hoguera, surje el rojo pendón de la anarquíal ¿Qué mucho que fermente en el abismo de los males la amarga levadura, si á los ojos presenta el egoísmo espectáculo vil de infame hartura? Juguete es la virtud de la impudicia; única ley que rige, la del fuerte; el débil, donde quiera halla la muerte, y esclava del poder es la justicia. El amor, en el mundo, nombre vano; la caridad también es hueco nombre; y no el puro y dulcísimo de hermano, el de siervo ó señor, distingue al hombre. Luchar para vivirl ¡Siempre la lucha! ¡De esa constante y renovada guerra el vocear famélico se escucha desde el primer albor que vio la tierra! Siglos há que del monte solitario han bajado la cruz; que tiene altares aquel mártir divino del Calvario en templos que le elevan á millares; pero con el sudor de la agonía, rasgado el pecto, con la faz doliente y corona de espinas en la frente, en sus propios altares todavía el Cristo gime, de la cruz pendiente! Justos son, en verdad, esos clamores que arrancan la miseria y los martirios; mas nada justifica los rencores que engeadran la maldad y los delirios. jQaeréis que el odio vengador destruya la sociedad, que al sol de las ideas en borrascosa noche sustituya el humoso fulgor de rojas teas que, por furiosas manos agitadas con ímpetus nerviosos y violentos, lancen, al deshacerse, desgreñadas cabelleras de chispas á los vientos, que avivan las crujientes llamaradas? ¿Que arda el mundo queréis? Principio falso en error criminal os precipita, y á la espantosa y ciega dinamita responderá fatídico el cadalso. ¡La destrucción universal! ¡Ilusos! Aun en el seno mismo de la muerte palpitan ya los gérmenes confusos con que la vida su presencia advierte. De apagado volcán en la ceniza la vid renace con lozano brío: si el campo arrasa desbordado el rio, con su légamo al par lo fertiliza. ¡Y con el odio por horrible norma, señalando con sangre vuestro paso, queréis unir y transformar acaso lo que sólo el amor une y transforma! ¡Ahí No más haya ni opresor ni opreso, ni verdugo ni víctima, y sus males remedien sin encono los mortales con la ciencia del bien y del progreso. ¡Dé el poderoso al mísero la mano, cálmese al fia la devorante fiebre, y en los años futuros se celebre la santa Huelga del amor humano! Josi! DE VELILLA (DIBUJO D I CUTANDA) MADRID. -EN LA CALLE DE SEVILLA LOS QUE N ü X O A SE DKCLABAN E X HUELGA