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A- fafth -í LA HUELGA DE MAYO Cesó el trabajo: la alta chimerea de la fábrica, ayer tan bulliciosa, con el aliento cálido no humea de la hulla enrojecida y poderosa; el estridor de ruedas y de dientes al afanado obrero no acompaña, que silenciosa y en quietud extraña la máquina de miembros relucientes, apagado el hogar, mudo el silbido, ocupa BU macizo emplazamiento como cadáver ya sin movimiento sobre el angosto féretro tendido. Del campo abandonadas las fatigap, yermos los prados, las cabanas solas, ondulan jaramagos y amapolas en valles que cubrieron las espigas. La nave, como el pájaro, no vuela surcando el mar, á la codicia abierto, con fugitiva y bullidora estela, é inmóvil cruje en el callado puerto sin dar al aire la rollada vela, sin que el dócil timón gire chirriando, ni espante á la atrevida gaviota, copo de espuma que en las aguas flots, el vapor en sus cárceles bramando. En las minas, que en mágicos filones de oro y plata cascadas deslumbrantes ofrecen á febriles ambiciones, hierro y carbón á industrias é invenciones y á la hermosa esmeraldas y diamantes, no muestra el sol eléctrico su brillo, ni la lámpara el tenue centelleo, ni resuena tenaz el golpeteo del pico, de la azada y del martillo. La audaz locomotora, que respira vapor y con el fuego se alimenta, posada en los carriles, soñolienta, de su quietud insólita se admira. Cuanto es fuerza creadora, y movimiento, y ley eterna del vivir humano, paraliza la acción en un momento, como la gran corriente al Océano la dura nieve, en la región temida V V que con puntas de hielo se corona ¡El trabajo á la huelga se abandona! ¡Cesó el trabajo, y se paró la Vidal