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268 como el lucero que se ve á la madrugada. ¡Me valga Dios si en cuanto que los veo me quedo sin sentido y como atontadol Y no es basta como otras: ea espigadita y tiene el cuerpo metido en carnes y robusta Pero ¿qué sé yo que me diga? Me parece que ha de ser más delicada que una azucena y ha de ser como esos vasicos de cristal fino, que no se han hecho para andar en todas las manos. Podría muy bien ser que Fabricio no se hubiese engañado; que así en la corte entre oro y grana, como en el monte y perfumada por los olores de las hierbas aromáticas, la mujer aparece sensible y quebradiza, temerosa y débil. Apenas María vio á tío Peroles y al mozo Fabricio, de la Coleja, echó de ver á lo que allí iban y se ruborizó, bajando la cabeza y los ojos, poniéndose colorada y sintiendo un extraño temor en todo su cuerpo; y luego que ellos entraron en la cocina para tratar del negocio con tío Celedonio, acercóse la moza á la puerta para escuchar y atisbar desde allí con la afanosa inquietud de quien espera la solución del destino. -Pus nosotros, tío Celedonio, á la cuenta, venimos getemporáneamenie, dijo el tío Peroles, dando un golpe con su vara en el suelo; pero como aquel que dice vale más llegar á punto y hora que rondar un año y los negocios de la gente moza no tienen espera jY para qué hacer más arrodeos de comedia, tío Celedonio? Ya sabes que este mozo de la Coleja, hijo del tío Blas, el que fué miyoral de la vacada de Daldemora, hombre de bien á carta cabal, habla hace un año con tu moza á la cuenta de casarse como Dios manda, y que poniéndote que tú te pongas, como es de ley, en lo justo, se hace el casorio y no hay más que hablar. Luego enzarzáronse, primero por disparo de sentencias, luego por pique de palabras y tira y afloja de razones, en un charlar sin tino y en una fiera batalla, por la cual tío Celedonio se defendía, negándose á conceder otra cosa que no fuese sólo la mano de la moza, sin agregarla ni más dote ni merced, y tío Peroles tenaz eti su solicitación, hasta el extremo de que, dando tío Ce. ledonio un recio golpe non la punta de su cachaba en el arcón, exclamó: -Ea, bastante irnos hablan; que ya, ni que sea c) n dote ni que sea sin ella, se casa la moza con este zángano. -No dispreoie osté, tío Cüidoaio, gritó Fabricio, que asirM se me da á mí que tenga como que no tenga su moza, que lo que yo tengo en precio es ella, y ni giuieo venderme ni qwieo mercar, y pa saber trabaj ir no necesito á naide, y ¡válgame Diop, si podré yo vivir en no casándome con la mozal B- ito último lo dijo el mozo moderando el llanto, que estaba á punto de brotar en sus ojos. Empujiron de pronto con violencia la puerta de la cocina, y apareció la moza con la cara enrojecida y llena de lágrimas. ¡Padrel exclamó en tono quejumbroso y suplicante. Al uir Cata exclamación y al ver aquel rastro, mudóse, de frío y adusto, en apasionado é inquieto el del tío Celedonio, el cual, refunfnñando un poco entre dientes, luchando consigo mismo, gritó al fin: ¿Que vos pensiis, que nos os vais á cisar, ó que os voy á Cisar desnudos y sin daros cosa alguna? ¿Serás tú tan tonta como este mastuerzo? Lo que me condena á m añadió mirando de reojo al tío Peroles, es que haya, pregonas que se metan en toos los nigocios, y euanti que no les importa. Así venció Maruja la avaricia de su paire. osÉ ZAHONEEO (DiBLTJOS Dií A L B E R T I)