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Estnve hace unos días en Valdesopetón á ver la pajarera que tiene J u a n Muñoz. Mil pájaros diversos absorben su atención; conságrase á cuidarlos cuai nadie los cuidó. Cruzando varias castas, henchido de ilusión, y haciendo experimentos desde que aliímbra 1 íSbl. hoy puede, có B orgulió, decir e l u e n señor: ifCóipá esta pajarer ikí hay en el munció (ios. C o n qué entusiasmo cría, SUS p Víos Muñoz! S s a- m i m o los arropa si sopla el aquilón; con fe los abanica si aprieta la calor, y al verde le da azúcar, y al pardo le da ron, y al blanco le da yemas. y al mixto coliflor, y hasta le da pastillas al qne padece tos, ¡que, aunque parezca raro, los tiene ríiás amor que tiene 4 los tres hijos que el cielo le mandól Xos cánticos que entonan no los soñara Dios cuando en el Paraíso los pájaros creó. Aquello es u n concierto constante, e n a vienc- r que á todo el que lo escucb le causa admiración. Se gasta al mes en ellos lo que quisiera yo para pasar u n año como un emperador. Con las canarias mezcla los pájaros de Hóng- Kon, con el silbante mirl y ei bello ruiseñor, enlaza á ¡as jilgueras de Pinto y del Mogol; y al candido pardillo y al joven verderón, los mezcla con las puras gorrionas de Franciojt, y nacen pajaritos que es una bendición y en cuanto están criados y observa J u a n Muñoz que entonan ya sus trinos con toda perfección y se hallan combinadas- comó él se imaginó Jas plumas de unos y otroÍ 3 de un modo encantador, los coge por las patas, los echa en vtn perol, y luego se los come revueltos con arroz. JoAK P É E E Z ZÚÑIGA