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259 de victimas SÍD cuento lloró la destrucción Mantua afligida I Yo vi, yo vi su juventud florida correr inerme al huésped ominoso; mas ¿qué su generoso esfuerzo pudo? El pérfido caudillo en quien su lionor y su defensa fia, la condenó al cuchillo. ¿Quién lay! la alevosía, la horrible asolación habrá que cuente que, hollando de amistad los san- tos fueros, hizo furioso en la indefensa gente ese tropel de tigres carniceros? Por las henchidas calles gritando se despeña la infame turba que abrigó en su seno; rueda allá rechinando la cureña, acá retumba el espantoso trueno; allí el joven lozano, el mendigo Infeliz, el venerable sacerdote pacífico, el anciano que con su arada faz respeto imprime, juntos amarra su dogal tirano. dó están loh cara patria! tus soldados, que á tu clamor de muerte no responden? Presos, encarcelados por jefes sin honor, que, haciendo alarde de su perfidia y dolo, á merced de los vándalos te dejan; como entre hierros elleón, forcejan con inútil afán. Vosotros sólo, fuerte DAOIZ, iutrépido VELÁRDE, que osando resistir el gran torrente dar supisteis en fior la dulce vida con firme pecho y con serena frente: si de mi libre musa jamás ei eco adormeció á tiranos ni vil lisonja emponzoñó su aliento, allá del alto asiento á que la acción magnánima se eleva, el himno oid que á vuestro nombre entona, mientras la fama aligera le lleva del mar de hielo á la abrasada zona. Mas ¡ayl que en tanto sus funestas alas por la opresa metrópoli tendiendo, Ja yerma asolación sus plazas cubre. y en su frente marchita la azucena, con voz tur- bada y anhelante lloro, de su verdugo ante los pies se huróllla tímida virgen, de amargura llena; mas con furor de hiena, alzando el corvo alfanje damasquino, hiende su cuello el bárbaro asesino. ¡Horrible atrocidad! Treguas, oh musa, que ya la voz rehusa, embargada en suspiros, mi garganta! Y en ignominia tanta, ¿será que rinda ol español bizarro la indómita cerviz á la cadena? No, que ya en torno suena de Palas fiera el sangriento carro, y el Játlgo estallante los caballos flamígeros hostiga. Ya el duro peto y el arnés brillante visten los fuertes hijos de Pelayo. Fuego arrojó su ruginoso acero: I Venganza y guerra! resonó en su tumba; I Venganza y guerra! repitió Moncayo; y al grito heroico que en los aires zumba, EL TEES DE MAYO DE 1808. -CÜADEO D E PALMAKOLI En balde, en balde gime de los duros satélites en torno la triste madre, la afligida esposa con doliente clamor: la pavorosa fatal descarga suena, que á luto y llanto eterno la condena. ¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estragol ¡cuántos ayes doquierl Despavorido, mirad ese infelice quejarse al adalid empedernido de otra cuadrilla atroz: i Ahí ¿qué te hice? exclama el triste, en lágrimas deshecho, i Mi pan y mi mansión partí contigo, te abrí mis brazos, te cedí mi lecho, templé tu sed y me llamé tu amigo! ¿Y hora pagar podrás nuestro hospedaje sincero, franco, sin doblez ni engaño, con dura muerte y con indigno ultraje? ¡Perdido suplicar! i Inútil ruego! El monstruo infame sus ministros mira, y con tremenda voz gritando: iFuego! tinto en su sangre el desgraciado expira. Y en tanto, ¿dó se enconden. al áspero silbar de ardientes balas y al ronco son de los preñados bronces nuevo fragor y estrépito sucede. ¿Oís cómo rompiendo de moradores tímidos las puertas, caen estallando de los fuertes gonces? I Con qué espantoso estruendo los dueños buscan, que medrosos huyen! Cuanto encuentran destruyen bramando los atroces forajidos, que el robo infame y la matanza ciegan. ¿No veis cuál se despliegan, penetrando en los hondos aposentos de sangre y oro y lágrimas sedientos? Rompen, talan, destrozan cuanto se ofrece á su sedienta espada. Aqui, matando al dueño, se alborozan; hieren allí su esposa acongojada; la familia asolada yace expirando, y con feroz sonrisa sorben voraces el fatal tesoro. Suelta, á otro lado, la madeja de oro, mustio el dulce carmín de su mejilla ¡Venganza y guerral claman Turia y Duero. Guadalquivir guerrero alza al bélico son la regia frente, y del Patrón valiente blandiendo altivo la nudosa lanza, corre gritando al mar: iGuerra y venganza! ¡Oh, sombras infelices de los que aleve y bárbara cuchilla robó á los dulces lares! ¡Sombras inultas que en fugaz gemido cruzáis los anchos campos de Castilla! La heroica España, en tanto que al bandido que á fuego y sangre, do insolencia ciego, brindó felicidad, á sangre y fuego le retribuye el don, sabrá piadosa daros solemne y noble monumento. Allí en padrón cruento de oprobio y mengua, que perpetuo dure, la vil traición del déspota se lea, y altar eterno sea donde todo español al monstruo jure rencor de muerte que en sus venas cunda y á cien generaciones se difunda. JuA NicAsio GALLEGO