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COMBATE EN LAS CALLES Gomo era de esperar, las tropas francesas no encontraron obstáculo alguno capaz de detenerlas en su camino. Y á peaar del f negó que se les hacia en las encrucijadas de las calles y desde los balcones de las casas, pudieron sin grande esfuerzo establecerse en la Puerta del Sol y en cuantos sitios se les había designado por su general en jefe. Actos EeBaladísimos de heroísmo, que p r lo temerarios, llenando de admiración á los franceses, los encendían en el deseo de venganza que con tan refinada crueldad habían de hacer sentir pocas horas después, mostraron la indignación de que se hallaban poseídos los madrileños. Aquí un paisano armado de piedras ó de un palo ó sable acometía á un infante ó á un jinete para, si llegaba á vencerlo, arrojarse con su fusil ó su caballo en lo más espeso de los escuadrones enemigos; allá una cuadrilla de albañiles lanzaba sobr los franceses los materiales de construcción que tenían á la mano; y en todas partes las mujeres, mez; dándose con sus deudos ó vecinos, se precipitaban á luchar varonilmente en las calles ó ss deshacían de sus mejores muebles para arrojarlos sobre las columnas enemigas que pasaban al pie de sus balcones ó buhardillas. Interminable sería la enumeración de estos actos de rabia, de verdadera y frenética locura, á que en su patriotismo se entregaron los madrileños por combatir y aniquilar, si les era posible, MALASAÑA Y SU HIJA. -CüADKO DE A L V A R I Z D 0 M O K T á los que de huéspedes se convertían en arbitros de sus destinos. La fama los hizo públicos, y la tradición, que los conserva en la memoria de los que entonces no tenían ojos para distinguir ni razón para admirar, los transmitirá religiosamente á los descendientes de sus heroicos autores para memoria y ejemplo suyo (1) Pero ¿qué influencia podrían ejercer esos actos de desesperación en el éxito de un combate contra ejércitos acostumbrados á no cejar ante la metralla y la fusilería de enemigos sabiamente organizados y dirigidos? Ninguna. Así es que fué rarísimo el de ellos que logró detener un momento la marcha de las tropas francesas, las cuales fueron extendiéndose por la población y ocupando las plazas más concurridas y los edificios más notables, para después ligarlos entre sí con destacamentos que cuidaron de mantener expeditas las comunicaciones. (EL BRIGADIER ARTECHE: Historia militar de la guerra de la Independencia. (1) A esta serie de heroicos y sangrientos comljates parciales pertenece el del cUspero Malasaña y su tilja Manuela, representados en el adjunto cuadro, original de D. B. Alvarez Dumont. (N. de la E. ELEGÍA Noche, lóbrega noclie, eterno a lo del miserable que esqiiivando el sueño en tu llénelo pavoroso gime, no desdeñes mi voz; letal beleíio presta á mis sienes, y en tu borror sublime empapada la ardiente fantasía, da á mi pincel fatídicos colores con que el tremendo dia trace al fulgor de vengadora tea, y el odio irrite de la patria mía, y escándalo y terror al orbe sea. iDía de execraciónl La destructora mano del tiempo le arrojó al averno; mas ¿quién el sempiterno clamor con que los ecos importuna la madre España en enlutado arreo podrá atajar? Junto al sepulcro frío, al pálido lucir de opaca luna entre cipreses fúnebres la veo; trémula, yerta y desceñido el manto, ios ojos moribundos al cielo vuelve, que le oculta el llanto; roto y sin brillo, el cetro de dos mundos yace entre el polvo, y el león guerrero lanza á sus pies rugido lastimero. i Ay, que cual débil planta que agosta en su furor bórrido viento.