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254 han convertido ea verdadero musco; en Iba cortos descansos que le dejan sus viajes, pásase deliciosamente las tardes en franca expansión de camaradas con Delsart, el editor Darand, Llaneces, Ferraz, Luque, Cola D y otros dos ó tres íntimos, entre los que se destaca la simpática figura de Sirasate con sus pantalones estrechos, su chaqueta de terciopelo, sna pelos alborotados, siempre distraído y siempre dé buen humor. Jamás falta, alli donde se encuentre Barájate, Otto Goldschmit, el inseparable amigo de hace veinte años. Conjuntó admirable de acompañador, se retario, administrador y padre adoptivo, este simpatioón alemán con Cara y hablar de vascongado, le organiza los conciertos y le hace la maleta, le acomparia al piano y le coloca sus ahorros, le cuida si está malo y le quiere como á un hermano. Espíritu práctico, complemento del arti sta descuidado de las prosas de la vida, compañero leal, Pilades de este Orestes, tal es Otto Goldsohmit. Desde hace pocos años este dúo se ha transformado en terceto. La admirable pianista Mad. Berta Marx ha venido á ser su preciosa colaboradora artística: conocida en Bruselas en 1886, y admirado de su talento, no vaciló en asociarla á sus triunfos, haciendo de ella la pianista elegida de todos sus conciertos. La época más feliz del año para Sarasate es la que por las fiestas de San Fermín pasa siempre en Navarra. Profeta en su tierra, es recibido allí mejor que ningún rey en sus estados. Con las autoridades locales, la población en masa sale á recibirle á la estación; entre músicas y fio- L Í J 1 5 J A Ji- U. aiiNAtiiJU SU STKADIVAIUUS res llévanle en triunfo, abrázanle, bésanle, estrújanle y diceule su entusiasmo y su cariño en ese hermoso lenguaje del pueblo que, á través de tosca frase, deja salir el corazón entero por la boca. Allí toca su último concierto del año, y entre oles y vivas, el violín canta los aires nacionales, las notas queridas de la patria, para quedar luego dormido en su caja los tres meses que Sarasate comparte entre el cariño de sus hermanas y el corretear por aquellas montañas, embriagándose de aire y sol, adorando la tiiaidad eternamente grabada en tu corazón: Pamplona, Navarra, España! como él mismo dijo con lágrimas en los ojos á sus paisanos cuando el año pasado quisieron honrarle y honrarse colocando en la casa donde nació una lápida que perpetúa esa fecha gloriosa. Tal es el artista insigne que nos envidia el mundo entero, y que merece, como exclamó un baturrico desde las alturas del gallinero del teatro de Pamplona: ¡Qü -li hagan una estauta d oro! RicAiíDo B L A S C O París, Marzo de 1894. ENSAYANDO