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253 cribjrlas en su genial virtnonidail, ha dado á conocer y generalizado no pocas obras maestras olvidadas ó poco Conocidas por sus dificultades, vencidas por él sin esfuerzo. Su popularidad ha llegado á ser inmensa en el mundo entero, que hoy le proclama, por derecho propio, el rey del violín. Bu Alemania le tienen ofrecida una fortuna para el díi que quiera escribir un iiuevo método de violín. Sus numerosas composicioneg, caprichos españoles, aires bohemios, fantasías y otras piezas características, se venden como pan. ISn Inglaterra, Sarasate es indispensable dos ó tres meses al año. Al final de cada concierto es interminable la procesión de admiradores y admiradoras que acuden á, felicitarle y pedirle su firma al pie de ua retrato, siendo de ver cómo las lindas mis. aprovechan un dessuido para atrapar y guardarse como reliquias las colillas que aquel fumador impeaitente ha amontonado durante los intermedios en los ceniceros de su cuarto. Es tradicional que toque Sarasate en la mi a solemne que anualmente se celehri en un convento de Cipuchinos. A. qüv. 1 dii G. ELNETE DE TllABAJO DE yAHASATE EX SU CASA DEL EOULKVAKD MAL KHELiBütí los fieles no caben en el templo; la colecta es formidable, y los buenos de los padres dan al traste con la estrecha regla de la Orden en el almuerzo con que luego le obsequian, sirviéndole los vinos más exquisitos y los platos más delicados. Decíale el prior un di que Sarasate se excusaba de olvidar algo el rezo por la música: Descuide, hermano; usted, cuando toca, eleva á Dios hermosas plegaria? y con tu violín se abrirá las puertas del cielol Ua fabricante de plumas de acero ha hecho una regular fortuna creando la pluma P, Sarasate. Coa u t a de ellas escribo yo estas líneas. Los billetitos perfumados que reciba en todos los idiomas, podrían llenar un vagón en cada uno de sus viajes. Pero es lo que él dice: jQuién tiene tiempo para tantol Si fuese á responder á todo? ¿qué seria del violín, que es el amor de sus amores? Aclamado por todos los públicos, ventrado por todos los músicos, mimado por reyes y emperadores (ni uno solo ha dejado de llamarle á su palacio, y de todos conserva cariñosísimos recuerdos, valiosas joyas é innumerables condecoraciones, entre ellas la gran cruz de Isabel la Católica y la Legión de Honor) Sarasate, lejos de estar envanecido, es el hombre más modesto, más afable y más llano que imaginarse pueda. Sencillo en el vestir, pero con una elegancia natural que le da fi- onomia propia; sobrio en todo, el mayor lujo de sus comidas (coupuest is priaoipalmente de mariscos y legumbres) es tener á su mesa media docena de amigos íntimos. Sus continuados viajes no han entibiado su fervoroso amor á la p: tria. Kspañol como el que más en el más apartado rincón del mundo, es tan indispensable para él como la caja de sus dos stradivarius (los mejores que existen, tasados cada uno en 10.000 duros) algo que le recuerde la tierra; y ha de tener sobre su mesa una baraja española, un ejemplar del Quijote, La Correspondencia, El Liberal y una cajetilla de pitillos espinóles de los del estanco. Así como aborrece á los aduladores y á los parásitos, y con su franqueza navarra los echa á un lado, así es de leal y fiel en sus amistades, y se complace en ayudar á todo artista de valer y desgraciado. Ba aquel estudio del boulevard Malesherbes, que sus aficiones á todo lo bello y el afecto de públicos, reyes, artistas y amigos