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46 soldados de fila ministerial por aquella su excesiva timidez, pefo en todo caso podrían aquellos contestar lo que respondió el crítico á cierto poeta muy malo que, habiéndole convidado á comer en vísperas de estrenar un drama, le pedía más tarde cuenta de su silencio: -Yo pensaba que me había convidado usted para que callase. Ha habido, sin embargo, actos ostensibles y demasiado significativos en la grey ministerial: varios adictos se han ido con actas y bagajes á los conservadores mas el posibilismo se ha encargado de llenar estos huecos, porque donde una puerta se cierra, ciento se abren, y allá donde cae un fusionista, hay siempre varios republicanos que ocupen su lugar. Tal ha sido el único resultado obtenido hasta ahora por el lugarteniente de Cánovas en su tarea diaria de vigilante de consumos. Le dijeron sin duda que la mayoría traía matute, y no hace más que meter él pincho una y otra vez para ver si son ciertas las denuncias. No gana el Grobierno para Romeros. Uno en las Cortes p a r a enzarzar á la mayoría, otros en Valencia para ponerle en el más grave ó, por lo menos, en el más vergonzoso de sus actuales conflictos. ¡Váíate Dios con el ministro de la Gobernación, especie de casa de Astrarena, con mucha fachada, pero con muy poca vivienda, según vamos averiguando! Apenas pensó en amparar, proteger y desvivirse por los proletarios, cuando arreció el hambre entre los obreros andaluces y menudearon las piedras sobre los obreros de la peregrinación. Bien que ahora, si pensaba en milagros, puede realizar uno famoso, al ejemplo de Cristo, convirtiendo las piedras valencianas en panes andaluces. Es el único medio de que la clase obrera perdone el bollo por el coscorrón. Lo de Valencia, sin embargo, no fué nada, á juzgar por las versiones oficiales, ni puede afectar al Gobierno en lo más mínimo. ¿Que fueron apedreados tres obispos? ¡Y qué? Eso va en honra y gloria de la peregrinación, que ya no va capitaneada por obispos, sino por cardenales. ¿Que la silba estaba preparada? Naturalmente; una silba no se improvisa como una seguidilla de tres al cuarto; hay que distinguir de composiciones poéticas. ¿Que todo Valencia estaba enterada de la compra de silbatos? Sí, señor. ¿Cómo ha de consentir el Gobierno que se diga en tiempos liberales que la muchedumbre no toca pito? El gobernador no pudo hacer más: rompió el bastón, que era lo único que llevaba encima. Y esas astillas de la autoridad, llevadas ahora á Roma, y una vez conseguida para ellas la bendición papal, deben ponerse en sendos relicarios y regalarse á los ministros de la Corona como la más preciada y original reliquia de la peregrinación obrera. Indudablemente, al fusionismo no le prueban bien los aires marinos. Tiros en San Sebastián el pasado otoño, explosiones en Santander este invierno, pedradas en Valencia ahora. Y siga el debate parlamentario. Por bien que le vaya al Gobierno, ha dé salir justamente condenado en cosí LUIS ROYO VILLANOVA OliBCjos m riTT. TjA)