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238 Uno le quitó el sombrero, no por robárselo, sino para ponerlo cuidadosamente en la percha; otro le sacó el gabán como quien desuella ua cabrito; entre dos llevaron á la bastonera una cosa que, más que bastón, parecía la barra con que ejercitaba sus aptitudes gimnicas Milon de Cretona, y todos frotaron con esmero y con la servilleta las sillas p a r a sometérselas irreprochables á la elección. -K S e n t a d o que se hubo, como diría un académico, ó así que se h u b o s e n t a d o como digo yo mientras no lo sea, el mozo de turno le presentó la lista, pre- guntándole de paso í? -Í qué vino tba á ser. El caballero, después de leer la carta, que así se llamaba en letras de molde el catálogo que, encuadernado en tafilete, yacía sobre el mantel en la forma de la choza del tío Tom: -Ohablis, dijo, para las ostras, y Chambertín á pasto. La mesa se cubrió, como por encanto, de mortadella de Bolonia, manteca fresca de Asturias, rábanos rosa, anchoas de Málaga y demás guerrillas que preceden al grueso del almuerzo excepcional. -Tortilla con trufas, anunció solemnemente el criado, sirviéndole al caballero una cosa que, después de probada, aseguró éste no ser más que huevos con recortaduras de corbata negra. El fámulo juraba y perjuraba que eran legítimas de Perigord, y hasta estuvo á punto de sostener que las había buscado él mismo; pero el comensal no se llamó á engaño y se hizo sustituir la tortilla por unos macarrones á la parmesana. -La merluza, balbuceó el camarero al oído del cliente, presentándole otro plato, no se la he querido servir al señorito porque ya no coleaba cuando la han puesto en la sartén. E n su lugar traigo estos filetes de lenguado á la normanda, que son la especialidad del establecimiento. Y así debía ser, porque el gastrónomo dejó sin setas la fuente y tuvo que pedir otro pan de Viena. Un Chateaubriand á la bearnesa cerró el ciclo de la parte sólida, tras del que desfilaron el digestivo Eoquefort y las refrigerantes frutas. ¿No tiene usted alguna primicia que proponerme? preguntó el copurchic poniéndose el monóculo, como un hombre decidido á echar la casa por la ventana, y buscando inútilmente en la lista la sección de primores que estaba huérfana de ofertas.