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A OCHO DÍAS VISTA Bajo cero general. -Tárela, Marrakesh, MacMchaco, anarquismo, hambre de Andalnda, Cortes, inada entre dog platosl Bostezo á dúo. -Viejos y gente nueva. -ÍJÍ tapón. -Vn coro del Fausto y un tango de Cádiz. -Partidos nuevos. -ios alegres compadren Hl sino nacional. -España y Dlógenes. -El desarme europeo. -La fábula de los ratones. Salga el sol por los Balkanes. -Temas de mala sombra. -Cómo ha de hacerse el desarme. ÍJI pueblo de los toros y de las sublevaciones, de las emociones fuertes y de los arranques patrióticos, no se resigna á este bajo cero que impera hoy en política como en arte, en la calle como bajo techado, en la vida privada lo mismo que en la vida pública. Asistimos al juicio de Várela creyendo que nos las íbamos á ver con un criminal astuto y empedernido, pero allí no hubo nada; pensamos que en Marrakesh se desarreglaría lo de Melilla, y todo marchó como una seda; creímos que las autoridades de Santander nos presentarían toda una cuerda de delincuentes, y el MacMchaco siguió zumbando sin que los autores salieran al muelle escénico; confiábamos en los anarquistas, y no hubo más explosivo que cierta bomba ridicula encontrada por casualidad en el paseo de Santa María de la Cabeza llorábamos ante el hambre de Andalucía, y nos dijo el Gobierno que todo eran exageraciones de los alcaldes y armas políticas al hombro; fuimos al Congreso soñando con un debate ruidoso, mortífero y terrible, y nos encontramos con una obscura y pacífica visita de pésame. España abre la boca y su león enseña los dientes. Mas no es que la primera tenga hambre ni que el segundo se presente amenazador. Es un bostezo á dúo, un franco y monumental bostezo; mudo, pero significativo comentario de tan aburrida situación. Si en Dinamarca había algo que olía á podrido, en España, según respetables opiniones, hay mucho que huele á rancio, á pasado y á viejo de toda vejez. G- ente nueva, sangre arterial y savia ascendente: esto es lo que hace falta, según un parecer cada vez más general, aunque cada vez más soldado raso. Aquí, donde los militares procuran que salte el tapón que cierra las escalas, no nos enteramos de que hay un tapón en política y otro tapón en literatura y otro tapón en arte y me guardaré muy bien de señalar tapones, porque podría sucederme aquello de que al primer tapón, zurrapas Comentando la primera sesión de Cortes en este isegundo acto de la misma legislatura casi todos los diarios venían á decir, poco más ó menos: -Pues qué, ¿por Cánovas no pasan años? ¿por Sagasta no pasan caídas? ¿por Martínez Campos no pasan las guerras y las paces? El coro de los viejos del Fausto, y aun el tango de las viejas ricas de Cádiz son nuestros himnos gubernamentales. Y en ese coro sigue estancada la representación, sin que surjan por ahora una Margarita que se nos lleve de calle, ni un Valentín emprendedor, ni un Mefistófeles como una guindilla, y sin que ningún Doctor Fausto procure rejuvenecerse. El problema de los partidos nuevos vuelve á agitarse como en otras épocas. Acaso los antiguos han dado de sí cuanto podían dar; quizás los tales partidos no aparecen como tales por no advertirse entre ellos la necesaria y saludable solución de continuidad; tal vez (para explanar mejor mi idea) tras ese coro de los viejos de que antes hablaba, oímos el preludio de Los alegres compadres de Windsor. Mas ¡ay! (y perdonen ustedes mi pesimismo) que si aquí la vejez chochea, la juventud niñea. En esto, como en otras cosas, no caben en España términos medios.