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labrada, que parecen trabajos de tina grandiosa marquetería, ocupa el prado de San Sebastián, y los gallardetes, las banderas y las músicas alegran la vista y el oído. A un lado están los puestos de juJ guetes, encanto de los niños, cuyos ojos no se cansan de admirar, ni sus mr. ABUBVADEKO DEL GANADO CABALLAR EN EL liEAL DE LA EERIA HÍ 4 %i4 el sombrero carmonés, ó el nombrado de Córdoba, con que engalanan sus cuerpos jacarandosos, revelan á las claras el arte varonil en que se ejercitan. Allí cuentan las proezas del último verano, señalando las estocadas con el bastón en la pared, que desconchan, ó, por descuido, en el ojo de algún transeúnte que no pudo hacer á tiempo un extraño. Llegó el 18 de Abril, y desde por la mañana innumerable gentío acude al Real de la feria, yendo unos á pie, otros en ómnibus, tranvías y carruajes de todas hechuras y edades. Grallardos jinetes y bellísimas majas pasan al trote de sus caballos, con vistosos jaeces y paramentos, recordando los arreos que para cabalgar usaban los árabes. La movediza ciudad de los tres días, formada por tiendas de lona listada de blanco y azul, con apariencias de campamento, y por artísticas casetas de madera GANADO LANAR GANADO VACL NO bocas de pedir; á oti- o, los panoramas, los teatros mecánicos y las barracas de los saltimbanquis, los cuales producen ruido ensordecedor con las ingratas músicas de sus destem Si piados instrumentos; más allá, el titiritero que se traga una espada, arroja por la boca cintas de colores y come estopa llameante; acullá, los caballitos llamados tíos vivos, cuya marcha giratoria y vertiginosa acompañan el tamboril y el pito; aquí, las fieras domesticadas; allí, las figuras de cera y los polichinelas, con la desenfadada y picaresca Hesita y el aporrefidor D. Cristóbal; y en últi- k