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223 -Entre usted, la señora está en la sala. Efectivamente, allí estaba la viuda, de bruces sobre los ladrillos, procurando observar por debajo de la puerta del gabinete lo que pasaba dentro. ¿Qué hace usted ahí. Doña Eufrasia? pregunté sorprendido. ¡Schs! baje usted la voz, dijo con aire misterioso. Estaba vigilando á la niña y á su futuro. ¿Cómo? -Verá usted: yo quiero que el chico se explique, y algunas veces le dejo solo con Melitona, porque delante de mí no tiene confianza. A. todo esto, la muchacha no siente la menor inclinación hacia su novio, ni por su gusto se casaría, ni ese es el camino; pero Doña Eufrasia la fuerza á aparecer cariñosa, y siempre la está diciendo: -A ver cómo te presentas hoy. Cuando te hable de matrimonio, tú debes sonreír. No te olvides de abrir bien la boca, para que te vea los dos dientes de arriba, que los tienes muy blancos, y eso siempre gusta. Si te coge la mano, no la retires. La pobre Melitona no puede descansar, ni leer, ni repasarse las medias, porque la mamá la obliga á estar siempre en el balcón como xma mona, esperando que se asome Adalberto. Cuando la chica tiene por precisión que abandonar su atalaya, la mamá se oculta detrás de la vidriera, y lo mismo es presentarse Adalberto en el balcón de enfrente, ella corre hacia el interior de la casa gritando: -Melitona, despacha pronto, que está ahí ese Anda, mujer, que se puede enfadar. ¡Pobre Melitona, víctima del celo maternal, y pobres de las hijas de familia que se encuentran en el mismo caso! La fiebre del matrimonio l e sufren muchas mamas impacientes, está originando desgracias todos los días. Dios ponga tiento en las manos de estas mamas, y El nos libre de caer en la tentación, Amén Jesús. Luis TABOADA fDlBUJoa DK MKNDKZ B K I N ü A) PKINCIPIOS Y AXIOMAS FALSOS E L OKDEÍf D E LOS F A C T O R E S A L T E R A E L P R O D U C T O DBMGSTSACIÓN La paga de un cabo segundo no es igual á la de un segundo cabo.