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ESCENAS MADRILEÑAS -etsrí- p Kí LA MISA DE DOCE Madrid es ol pueblo domingaero por excelencia. Los que aborrecen Li corte pensando que el pueblo de Madrid lo constituyen ese miliar de personas que durante la semana vagan por las calles, ocupan los cafés y se agolpan á la puerta de los teatros, no tienen más que comparar la uniforme fisonomia que presenta Madrid en los días de trabajo, con el aspecto alegre, bullanguero, variadísimo, de los domingos madrileños. El obrero de chaqueta como el obrero de levita, las honradas hijas del trabajo como las lindas muchachas de la clase media, échanse á la calle desde muy temprano luciendo el fondo del cofre y los trapitos de cristianar. A mediodía las puertas de los templos están concurridas y son frecuentadas como puedan serlo en la ciudad más religiosa de España. El descanso dominical empieza á observarse oum liendo con el precepto de la iglesia, y por las puertas del templo entran y salen en silencioso hormiguero mil caras bonitas, rostros alegres del pueblo de Madrid, religioso, trabajador, ordenado y alegr que cumple con la iglesia por la mañana y se entrega por la tarde al honesto esparcimiento, ya en los alrededores de Madrid, ya en Eecoletos ó en el Retiro, ya en las funciones de tarde de los teatros. (D I B U J O DE ALBERTI)