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TOROS DE REVISTA Media corrida faltaba para que comenzase la hora, cuando, acompañado de un simón de la infancia, monté en un amigo desvencijado, que nos condujo al gallo taurino en menos que canta un circo. ¡Qué vista de Alcalá presentaba la calle de golpe! Franchutes con mantilla blanca, damiselas con los ríñones colgando sobre los gemelos, corceles arrastrados por briosos carruajes, gente del pie moviendo un pueblo tras otro con el sudor al hombro y la bota en la frente Todos iban al polvo nacional, levantando mucho espectáculo y metiendo un sordo capaz de dejarle ruido á cualquiera. Llegamos á la gota sudando la Plaza gorda. A la entrada me cortaron un pedazo del sitio y en seguida subí á mi billete. ¡Qué buena grada encontré lantera de la moza segí senté en el vecino inmediato á ella y me felicité de ser durante toda la barbiana el asiento de una espectadora tan corrida. Presidía el Hospicio la música del espectáculo y lo amenizaba la autoridad competente lanzando al aire sonidos armoniosos. El presidente sacó el redondel, oyóse el eco del pañuelo y salieron al clarín dos caballos montados en magníficos alguaciles tordos. Poco después, y á los acordes de un riiodo nacional, aparecieron en el aire las cuadrillas cubiertas de muías y seguidas de los tiros de lentejuelas y de los espectadores sabios, mientras aplaudíamos todos los monos de la Plaza. Lidia y el gente con su Gallo eran y los encargados de la Lagartija, Cambiados los paseos de brega por los de capote, abrió el toril el primer bicho y apareció el Buñolero con muJ chas tablas y rematando en los pies. Atendía por bizco, pertenecía á la ganadería del cárdeno y era de mucha perdiz, ojo d romana, un poco Rumboso del izquierdo y berreiido en Duque. A las primeras de tumbo, y mostrando mucho cambio, dio un poder al Badila. Este brindó la caja