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205 Tarbóse la mirad i del sabio, suspendióse su aliento, tembló su cuerpo todo, y Jelaz, defendiéndose del vértigo, llevó la crispada mano á las vecinas ñores, y arrancándoles dos ó tres hoja? tocó con ellas su frente. Eápida sintió esparcirse por todo su cuerpo una inefable sensación de frescura, aclaróse su alma como con luz de amanecer, y recobraron dulce placidez sus sentidos. Jelaz dirigió entonces su serena mirada al manuscrito del sabio de Bagdad, y leyó: EL BESO EN LA FRENTE Arrojó el maestro y amigo del califa las hojas de rosa, y dijo; ¡Ya sé, gracias á vosotras, cómo es ese beso: tranquilidad para el alma, frescura para el cuerpol El beso en los ojos le pareció después, llevándose á los párpados nuevas hojas de rosa, caricia que incita á un sueño lleno de molicie, susurro de un espíritu que dice á otro: ¡Duerme! Beso que en las horas del amor debe de depositarse el último, porque ordena ¡Descansa! y suplica ¡No olvides! Explicábalo asi el sabio de Bagdad en su manuscrito, y Jelaz, el de Córdoba, que nunca había amado, repetía: ¡Es cierto! que tanto alcanza una buena doctrina. De pronto, el amigo del califa volvió á temblar como al leer el comienzo del inspirado capitulo. Su mirada se detenía asustada en las siguientes frases: EL BESO EN LOS LABIOS ¡N o, no lo leeré! exclamó Jelaz coa voz ronca. ¡Mi espíritu está lleno de turbación; mi sangre lleva poDzoñal ¡El aliento que pasa por mi garganta quema como aire de incendio! Pero las rosas que aún había en el búcaro se inclinaban hacia él, como diciéndole: ¡Toma nuestras hojas, llévalas á tus labios; sentirás PU suavidad, aspirarás su perfume! Y Jelaz, cerrando los ojos después de mortal lucha, arrancó con temblorosa mano dos ó tres hojas de la flor más próxima y se las llevó á los labios. Irguióse bruscamente. Y abandonando con rápido paso la apartada habitación, salió al jardín, diciendo ansiosamente: ¡Más rosas, más rosas! El alba del biguiente día vio cubierto de hojas de rosas todo el suelo del ja, rJin, y vio también al maestro y amigo del califa Abderramán I I I derribado en tierra- y llevándose aún á los labios hojas de rosa llenas de rocío para fingir amorosos besos de I mujeres. JOSÉ DE E O Ü E E (DIBUJOS DE MÉNDEZ BEINGA)