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mté Martes 20 de Marzo. Queridito mío: Desde que te has ido á Sevilla, ni vivo ni descanso. Esta mañana he pasado por la pUza de Santa Cruz, donde he visto mucho verde, y en seguida me he acordado de ti, porque alli nos vimos el año pasado. ¿Te acuerdas? ¡Y qué grato es amar entre palmas j ramos, al dulcísimo arrullo de las carracasl Que hemos nacido el uno para el otro, es indudable; y como yo me llamo Soledad Domingo, al casarme contigo podré hacerme tarjetas que digan: Soledad Domingo de Ramos, Verónica, 7, 3. Nuestros apellidos, pues, se completan, y á nuestras almas les ocurre lo propio. jVerdad, Pepín mío? Escríbeme, pichoncito rico, y piensa mucho, mucho, requetemucho en tu invariable- -Soledad. Inolvidable Pepito: Estoy con una intranquilidad tan grande, que no me cabe en el alma. Sin cartas tuyas me es imposible la vida. ¿Estarán detenidos los correos de Sevilla? Es fácil, porque toda esa parte de Asturias está muy castigada por los temporales. No hago más que pensar si starás malo y me lo ocultarás. ¡No, por DiosI ¿Tienes algo? No me lo ocultes, que yo jamás te oculto nsda de lo que tengo. Hoy he vuelto á encargar á la modista que se dé prisa para terminar el vestido. Mamá ya ha concluido el suyo, á pesar de no tener veinte oficialas que la ayuden, como tiene la modista. Verdad es que anda dándole vueltas al traje desde el día de las Animas. No tengo apetito, Pepín mío. Si cómo es por reflexión y por no perder las fuerzas para escribirte. Esta mañana se nos ha muerto el mochuelo de resultas de un oonstipadc mal cuidado, y adjunta te mando una plumita de las de atrás como recuerdo de cariño. Contéstame, por Dios, y no martirices con tu silencio á tu apasionada- -Soledad. Lunes 19 de Marzo. Querido Pepe: Poco tengo que contarte desde ayer. He mandado tres recaditos á la modista, rogándola que me concluya el vestido para el jueves. BUa dice que tiene muchas puntadas; y yo, que entiendo la aguja de marear, estoy con el alma en un hilo; porque las modistas son muy embusteras. Por cierto que en eso te pareces á, ellas. Pero nada más que en eso, ¿verdad? I Cuánto siento que no estés en Madrid, para verme con el vestido nuevo! Si supieras qué caro me cnestal ¡Y qué ganas tengo de que tú me pagues los vestidos carosl Porque, si es cierto que me quieres, supongo que el pagármelos te será muy grato. Y cuanto más caros, mejor. ¿No es cierto, vidita mía? Mamá se está haciendo una túnica de seda, color sapo- desdeñoso, que se tira á las tapias. Pero es lo que yo la digo: A tu gusto, muía. ¿Te acuerdas de tu Soledad? Yo tengo celos, pero es porque te adoro una barbaridad. ¿Y tú á mi? ¡A que no! Espero con ansia carta tuya; porque cuando me falta, me siento morir á chorros. Dime lo que haces y si me quieres mucho. Adiós, Pepitln. Tuya siempre, -Soledad. Miércoles 21 de Marzo. Pepito de mi vida: Continúo sin carta tuya, y esto me tiene de mal humor. El cartero gruñe porque, en cuanto le oigo, salgo á la escalera, le revuelvo í odas las cartas buscando la tuya, y le hago cosquillas sin querer. ¿Estás malo? ¿Te has cansado de mí? E Q ege caso, dimelo, por Dios, para cansarme yo de ti é ingresar en un convento: en las Arrepentidf p, verbigracia. Cada día te quiero más. lugratol Tu tienes la culpa de que no me hayan caído bien las espinacas que almorcé esta mañana, y de que me encuentre desazonada y ojerosa. ¿Cómo he de estar? No tener carta del fér querido y tomar el chocolate sin leche, son cosas que matan á cualquiera. Dejo la plum. a, porque mamá quiere llevarme á las Tinieblas