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1 ir. h J A DE 1, A líOi la Exposición Nacional de Bellas Artes de aquel año, García y Ramos expuso uu dibujo grande á la sepia, titulado El Secuestrador, que le valió una tercera medalla; en la Exposición de 1890 presentó los dibujos originales para La tierra de María Santísima, que consagraron; la fama universal de que ya gozaba como consumado dibujante, alcanzando una segunda medalla; en la Exposición -r: do Batcelona, el lienzo Ftcé un artista, sobrado conocido del público de Madrid, logró para su autor un diploma honorífico; y por último, una medalla de oro concedida por la Academia Contemporánea de Letras, Ciencias y Artes de París en 1893, representan la suma de medallas que ostenta G- arcía y Ramos como recompensa, bien escasa por cierto, para premiar sus condiciones verdaderamente excepcionales. Aunque demasiado adusto para ser andaluz, y suspicaz en grado extremo como buen artista, García y Ramos ha tenido la fortuna de conquistar un puesto preeminente entre los más notables pintores contemporáneos de España, lo cual demuestra que, tarde ó temprano, la justicia triunfa al fin en toda la línea. García y Ramos no ha necesitado moverse de su estudio, convirtiéndose en pregonero de las excelencias de sus obras, para que éstns hayan alcanzada la justa estimación que de derecho les corresponden. Sin que García- Ramos haya hecho nada, sus obras lo han hecho todo. I Qué pocos artistas podrán decir otro tanto! AUGUSTO COMAS Y BLANCO