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143 conseguir que huyeran, dejando sobre el campo del honor multitud de muertos y heridos, mezclados con no menor número de bajas por nuestra parte. Aún no estábamos repuestos de la lucha, cuando la voz del capitán Ándulza nos sacó de aquel estupor. ¡El teniente más antiguo) gritó. Silencio sepulcral. Nadie respondía. Sin duda el teniente estaba entre las bajas. El que le siga! dijo con voz más fuerte. Y un oficial, taü joven que parecía casi un niño, se adelantó con paso incierto. Estaba herido en un brazo; pero al oír el llamamiento acudió, cumpliendo con BU deber. Entonces sucedió lo que jamás quisiera yo haber visto ni oído. Y al decir esto lloraba el soldado de Covadonga, sin que su firmeza alcanzara á contener las lágrimas. Aquel bravo capitán abrazó con efusión al teniente y nos dio las gracias en tono ahogado. En seguida, haciendo un esfuerzo por aparecer sereno, dijo al teniente con voz solemne: -Encargúese usted de la fuerza. ¡Mi misión está cumplida 1 Y sin darnos tiempo para evitarlo, saltó la pared de la trinchera, se apoyó el cañón del revólver en la garganta, y cayó desplomado sobre el cuerpo del jefe carlista que había salido á su encuentro. Confieso que esta relación produjo en mí sensación profunda, y no sé el tiempo que Miñano y yo habríamos permanecido mudos, si la natural curiosidad por conocer el epílogo de esta historia no me hubiese movido a preguntarle si llegaron á saber alguna vez las causas que influyeron en el capitán Anduiza, para tomar tan fatal determinación. -Sí, señor, me contestó; el misterio se aclaró en seguida, porque el jefe carlista, aunque herido gravemente de un sablazo que le interesó el costado, llegó á sanar, y entonces supimos que S 3 llamaba D, Luis de Anduiza y era hermano de nuestro capitán. Diferencia de opiniones los había llevado á combatir en bandos opuestos, y quiso la suerte que se encontraran frente á frente en la memorable acción que he referido, donde ambos probaron el temple de su alma y la rectitud de su conciencia sacrificando la vida por el honor de la milicia. ¿Y vive todavía el jefe carlista? -rii, señor, vive, pero más le valdría haber muerto, pues perturbado su cerebro por el recuerdo del pasado, empeoró de día en día, hasta que fué preciso encerrarle en el manicomio de Zaragoza, donde permanecerá aún, si es que no ha sucumbido en alguno de los terribles ataques de locura que le dan con frecuencia. A este punto de la relación empezaba ya á caer la tarde, y proseguimos nuestro camino, durante el cual todavía me contó ciertos detalles relativos al enterramieato del pundonoroso oficial, que seguramente no estaría hoy en terreno sagrado sin uua orden terminante del general en jefe para que recibiesen cristiana sepultura en el cementerio áe Mallavia los restos de aquel héroe que en vida se llamó el capitán D. Santiago de Anduiza. (DIBUJOS DE H U E U T A S) J. MANSO D E Z Ú Ñ I G A EL ORFEÓN ORENSANO Esta laureada sociedad coral, que ha alcanzado much 6 s triunfos en los certámenes musicales de Galicia, recorrió el martes ae Carnaval las calles de Orense en lucidísima y numerosa cabalgata que llevaba el titulo de nuestra publicación. Adjunto ofrecemos á nuestros lectores un gi- upo fotog; ráfico d é l a mascarada, y á la vista de sus caprichosos trajes y de sus elegantes atavíos comprenderá nuestro público que fué justificado y merecido de sobra el éxito alcanzado por la simpática sociedad en el animado Carnaval de Orense. BLASCO Y NEGRO se honra con que su nombre haya sido escrito sn el estandarte del orfeón gallego, y hace presente á éste su gratitud por la distinción de que ha sido objeto.