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LA SOPA DE PIEDRAS ¡Jesucristo! ¡qué barbaridad! dirán ustedes al pasar la vista por este originalísimó epígrafe. ¡Pues no, señor! La sopa, de piedras, tal como la componía Pepe Garduña, es un plato digno dé figurar entre los manjares más suculentos. Escuchad. Corría el año de 1860, y Pepe Garduña estaba de asistente con el capitán López, que por aquel entonces mandaba una compañía de cazadores del ejército español. López había recibido orden de incorporarse al batallón con la gente de su mando para embarcar inmediatamente en Málaga con rumbo á las costas de África. Pero desde el punto donde se encontraba la columna de López, hasta Málaga, mediaba una respetable distancia, que era preciso recorrer á marchas forzadas. Aquella misma noche Pepe Garduña fué enviado por su capitán al pueblo de X, á donde llegaría la columna doce horas después, con atenta comunicación para el alcalde pidiéndole raciones y alojamiento. El hambre estaba entonces á la orden del día, como vulgarmente se dice. Pepe Garduña la sintió, y como no llevaba un solo céntimo ni provisiones en la mochila, se dijo en mal latín: Intelectiis apretatus excurñt que raliat; ó, en otros términos: Garduña, hay que aguzar el ingenio para comer. Y hostigado por la necesidad, concibió en el acto el plan de la sopa de piedras y trató de llevarlo á la práctica. Al amanecer del siguiente día llegaba Pepe Garduña á una aldeita compuesta sólo de tres ó cuatro casas. Los chicuelos se agruparon á su alrededor seducidos por los vivos colores de aquel traje para ellos desconocido, mientras las mujeres ee apresuraban á ocultar las gallinas y demás provisiones de boca, pues en aquellas circunstancias la soldadesca era ave de rapiña que caía sobre los pueblos y los asolaba. El asistente del capitán López penetró en la primera casa de la aldea y se puso á charlar con el ama. Le preguntó que si había algo que comer, pues traía un hambre tan espantosa, que sin reponer el estómago difícilmente podría continuar la jornada hasta el pueblo de X. Pero comprendiendo el astuto Garduña que el ama le contestaba con evasivas, echó mano de su ingenio y dijo: Cómo ha de ser, patronal Forzoso es conformarse con la suerte perra del soldado; mas ya que en la casa no haya que comer, me permitirá usted que me siente, para descansar un Tatito, y de paso haré la sopa de piedras, que es á lo que acudimos en campaña cuando no tenemos otra cosa. Tf- ¿La Hopa de piedras? leguntó admirada la patrona. -Sí, ama; pues qué, ¿no saben en la aldea hacer esta clase de sopa? -No, por cierto; ni hemos oído hablar nunca de ella. -Pues si usted quiere, yo la enseñaré, y eso que es casi un secreto de la melicia; pero estoy agradeció de usté porque me ha dao hospitalidad. Todos los vecinos del pueblo corrieron á la casa donde estaba Pepe Garduña para aprender á confeccionar la sopa de piedras, de la que, al parecer, nunca hablan oído hablar aquellos honrados campesinos. Pepe Garduña comenzó á dar órdenes con tanto aplomo como si hubiera ascendido en ua momento de asistente á capitán general.